Con la llegada de un nuevo año es habitual hacer una lista de buenos propósitos: apuntarse al gimnasio, a clases de algún idioma, sacarse el carnet de conducir o dejar de fumar se encuentran entre los más habituales. Sin embargo, la situación macroeconómica actual hace que un plan de ahorro e inversión sean más importantes que nunca y, que desde hace un tiempo, formen parte del selecto grupo de nuevos propósitos, en este caso para 2020.

Qué tener en cuenta en un plan de ahorro e inversión

Algunos de estos objetivos también suelen colarse entre los deberes del inicio del curso que se marcan en septiembre, pero que tras no haberse cogido el hábito se repiten en enero. Lo importante para conseguirlo es marcarse unas pautas correctas y, especialmente, según dicen los expertos, unos **objetivos que se puedan alcanzar y permitan no frustrarse en el intento. **

En los casos del ahorro e inversión, esta máxima se traduce en la necesidad de destinar a ambas partidas una cantidad asumible, que no se vaya a necesitar a corto plazo y que al mismo tiempo permita darse algunos caprichos con el dinero restante. Para ayudar a sobrellevar esta situación, algunas entidades ofrecen la posibilidad de destinar la cuantía que se quiera y con la temporalidad que se desee, es decir, de realizar aportaciones periódicas y, por supuesto, modificarlas cuando sea oportuno.

Invertir por objetivos

También es recomendable marcarse objetivos y plazos temporales. Por ejemplo, si se invierte para poder mantener el nivel de vida tras la jubilación, en este caso el horizonte temporal es a largo plazo y el objetivo de complementar la pensión pública llevará implícito conseguir una rentabilidad determinada, que variará en cada caso en función de los años que falten para jubilarse y de la cuantía de la pensión que presumiblemente se vaya a cobrar. Por el contrario, si el objetivo es ahorrar para comprarse un coche, probablemente el horizonte será a corto o medio plazo y la cuantía mucho menor.

En función de estas variables y del perfil de riesgo de cada persona habrá que elegir los productos adecuados para canalizar dicha inversión. Para ayudar en esta tarea, hay entidades, como Openbank, que disponen de servicios de inversión automatizada, que facilitan las estrategias y herramientas para conseguir cada uno de estos objetivos.

Otro buen propósito, que tanto los inversores experimentados como los que se estrenan en este terreno deben cumplir, es ser consecuentes con su objetivo temporal. Las inversiones pueden experimentar caídas de su valor (al igual que subidas) a lo largo de un ciclo. Aunque es cierto que los inversores deben estar informados y conocer sus inversiones, cuando se invierte a largo plazo es lógico que se registren varios ciclos de mercado. Por ello, analizar a diario el valor liquidativo de un fondo o la evolución de una acción es contraproducente para el inversor, que puede asustarse y deshacer la posición.

No obstante, eso no quiere decir que- como se ha mencionado anteriormente- no se conozca su inversión, sino todo lo contrario. Hay que ser conscientes de los potenciales riesgos derivados de su inversión y de su evolución.

También es necesario estar informado de las implicaciones fiscales de la inversión, ya que en algunos casos tienen un impacto positivo en la Declaración de la Renta, como sucede con los planes de pensiones, cuyas aportaciones (hasta un límite) son deducibles de la base imposible hasta que se rescate el plan, o en el caso de los fondos, donde no se tributa por las plusvalías del ahorro hasta que no se reembolsan los activos. Conocer estos datos puede ser un elemento más para animarse a cumplir por fin los buenos propósitos del Año Nuevo.

Independientemente de cuáles sean éstos, desde Openbank les deseamos un Feliz Año y que no sólo se cumplan sus propósitos, sino también todos sus deseos. :)

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