Comunicación no verbal es todo aquello que emitimos sin palabras y está muy unida a lo que expresamos y percibimos con los sentidos. Es decir, comunicamos y recibimos información a través de todos nuestros sentidos.

Los sentidos de proximidad: olfato, tacto y gusto

El olfato es el más primitivo de los cinco sentidos, debido a que los centros olfativos son los más antiguos del cerebro. Es el sentido que más información nos revela de forma inconsciente y está ligado a las emociones, ya que se contagian a las multitudes fundamentalmente por el olor y la transpiración. Por ejemplo, esta última es una señal importante de tensión emocional.

A través del olfato percibimos lo que nos atrae y también lo que nos desagrada. Por el olor, podemos detectar desde miedo, odio y malestar hasta algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia. También está demostrado que el primer síntoma de atracción física se produce a través del olfato1, debido a la liberación de hormonas. Y, además, hay olores como el almizcle, que solo son perceptibles por mujeres que hayan tenido la menstruación y, por tanto, no apreciables por hombres o niñas.

Para los animales es un sentido fundamental. Por ejemplo, los perros lo tienen hiperdesarrollado e incluso son capaces de detectar determinadas hormonas como la progesterona, que se segrega durante el embarazo. Pero no son los únicos. En el mar, el salmón, por ejemplo, se guía por el olor para poner sus huevos.

El tacto va unido a la proxémica, o uso del espacio interpersonal. Lo primero que hacemos en nuestra etapa embrionaria dentro del vientre de nuestra madre es tocar y con 8 semanas de vida, ya respondemos al tacto. Además, no olvidemos que la piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y el que activa neurológicamente más funciones cerebrales.

Tocamos lo que nos agrada y nos alejamos de aquello que es desagradable al tacto, especialmente por tres factores: temperatura, humedad y textura.

Es un sentido muy emocional, ya que no tocar nos genera aislamiento y no ser tocados provoca sensación de rechazo. Por esto, en las primeras etapas de la vida el tacto es fundamental. Tanto, que los bebés que no son tocados pueden llegar incluso a morir según un estudio de investigación de la Universidad de Harvard2. El grado de sensibilidad de la piel va unido directamente al estado emocional en el que nos encontramos.

Por su parte, el gusto es un sentido que nos proporciona una gran variedad de sensaciones y se produce con la detección de sustancias químicas a través de la boca. El gusto permite reconocer los sabores a través de los receptores sensoriales de la lengua que envían señales nerviosas al cerebro cuando están en contacto con una sustancia3.

El gusto nos protege, va unido a la emoción primaria de asco y dispara sensaciones desagradables ante algo que nos puede dañar, pero también nos hace disfrutar, ya que es un sentido que permite una gran estimulación física y también cerebral.

Está demostrado que una sensación se incrementa si va precedida de otra diferente. Por ejemplo, algo dulce es mucho más intenso si antes hemos saboreado algo salado o amargo. Y un estímulo situado en un borde de la lengua se intensifica ante otro situado en el borde contrario, por ejemplo, salado versus dulce en cada lado de la lengua.

Los sentidos de distancia: vista y oído

La vista es uno de los sentidos más importantes tanto para los humanos como para los animales. Es en el que más nos apoyamos para recibir y emitir información y es, sin duda, el que más comunica. Las miradas constituyen en sí mismas un código de comunicación entre personas, y podemos saber lo que alguien siente por su forma de mirar.

Los ojos son los órganos que mejor reflejan sensaciones, sentimientos y estados de ánimo. En lenguaje no verbal, los ojos revelan información muy valiosa sobre lo que nos sucede y, además, muy fiable porque es inconsciente y, por tanto, difícilmente manipulable.

Los parpadeos nos pueden dar información única acerca de lo que nos molesta y nos pone nerviosos, o incluso si mentimos, ya que ante estas situaciones se producen más parpadeos y más acelerados que los 20 por minuto que suele ser lo habitual. Investigadores del instituto Max Planck de Psicolingüística de los Países Bajos han demostrado que el parpadeo cambia un mensaje y llegamos a interpretarlo de forma diferente según la intensidad con la que parpadee el interlocutor4.

El oído es el encargado de transmitir sonidos al cerebro, pero además, en nuestro oído interno se encuentra el sistema vestibular, que es el encargado del equilibrio y el control de los espacios, o dicho de otro modo de que no nos caigamos y nos orientemos espacialmente.

Escuchar es fundamental para comunicarnos, las mejores preguntas siempre surgen de la escucha activa y las respuestas fiables vienen determinadas por la capacidad de comprender. Sin duda, el oído es sentido que más favorece la interacción personal, ya que el silencio produce aislamiento.

El oído es además es el órgano del amor, así lo indican investigadores de la Universidad de Texas5, que indican que las palabras de amor se recuerdan mejor e impactan mucho más cuando las escuchamos por el oído izquierdo.

Está claro que los sentidos juegan un papel fundamental en la comunicación y que transmiten mucho más de lo que creemos. Y es que, no solo comunicamos con todos nuestros sentidos, es que no podemos no comunicar.


1Olfato y atracción sexual: ¿el amor entra por la nariz?
2The health benefits of strong relationships
3Fisiología del gusto
4 y 5Así hablan las pestañas: la duración de tu parpadeo cambia el mensaje