¿Quién no ha tenido que hacer frente a una compra con la que no contaba o por un precio que no era el esperado o… simplemente ha decidido darse un capricho? Ante este tipo de situaciones puede llegar a requerirse una ‘ayuda económica’ que no necesariamente implica pedir un préstamo o un crédito propiamente dicho. A veces, basta simplemente con obtener una mayor flexibilidad mediante la financiación y el pago a plazos. La mayor parte de las ocasiones no suelen solicitarse por importes elevados y, de hecho, estos mecanismos se utilizan para hacer frente a cosas rutinarias como la compra de un electrodoméstico, pagar más cómodamente las vacaciones o financiar la temida vuelta al cole en septiembre, en la que, entre libros, material escolar, uniformes y hasta algún dispositivo electrónico como un iPad o un PC, los presupuestos familiares se descuadran.

¿Por qué pagar a plazos con la tarjeta?

En primer lugar, cabe señalar que las compras realizadas con tarjetas de crédito durante un mes se pagan a principios del mes siguiente sin coste extra. Es decir, si en enero se han pagado compras por valor de 150 euros con la tarjeta de crédito, ese importe será cobrado de manera íntegra en la cuenta corriente asociada a la tarjeta a principios de febrero. Esta modalidad se suele denominar pago total.

Las tarjetas de crédito permiten, además, aplazar las compras. A esta modalidad se suele denominar pago aplazado y, por lo general, tiene dos opciones: cuota fija mensual, donde se paga una cantidad fija cada mes, y cuota variable, donde se paga un porcentaje sobre el gasto realizado. Estas dos opciones conllevan el pago de intereses.

Además de las modalidades de pago, hay tarjetas que permiten financiar con un plazo fijo compras específicas también con cobro de intereses.

En ambas modalidades, esta comodidad tiene un coste en forma de interés, que varía en función de cada entidad. Las compras tendrán un precio final más elevado que el que se hubiera pagado si no se recurre a estas opciones, ya que hay que sumarle lo que se va a pagar en concepto de intereses. Normalmente, cuanto mayor es el periodo al que se financian o aplazan los pagos, mayor suele ser el interés también y, por tanto, el precio final de lo que se ha adquirido. Es decir, la cantidad abonada por una financiación a 12 meses será inferior a una a 24 meses.

¿Hay límites en el pago aplazado?

No obstante, hay que tener en cuenta los límites de las tarjetas, tanto del importe financiado como de los plazos que, salvo excepciones, no suelen superar los 36 meses. Para plazos más largos o importes que superen determinadas cuantías, puede ser interesante estudiar las condiciones de un préstamo personal y valorar cuál es la mejor opción.

Como se ha comentado anteriormente, las posibilidades y características de los aplazamientos dependen de las condiciones de cada tarjeta y de la opción que se desee implementar. Acceder a este tipo de financiación es cada vez más accesible, pudiéndo elegir en muchos comercios, en el momento de la compra, si se aplaza el pago o bien elegir posteriormente esta opción. Para ello tan solo tendrás que acceder a la cuenta personal de tu banco de forma online o a través de las apps de las entidades.

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