Cuando hablamos de liquidez casi inconscientemente pensamos en un fluido, pero cuando se trata de los mercados financieros, no tiene nada que ver con un elemento líquido, sino que adopta ese nombre en un sentido casi metafórico. Así, podríamos decir que la liquidez financiera viene a ser la facilidad con la que se puede comprar o vender un activo. Es decir, y para entendernos bien, la liquidez de una acción, por ejemplo, sería la facilidad con que se puede comprar o vender esa acción en el mercado de renta variable.

Evidentemente, esa ‘facilidad’ o capacidad depende del volumen de oferta y demanda del mercado donde cotice el activo, y por supuesto afecta al precio del mismo. De esta manera, los activos más líquidos son aquellos que cuentan con una elevada demanda, y normalmente esto da lugar a que los precios sean más estables, y al contrario con los activos más ilíquidos. En este caso, los precios son más volátiles, pero también es cierto que normalmente ofrecen un potencial de rentabilidad más elevado para compensar que se está asumiendo más riesgo con esta inversión. Es lo que comúnmente se conoce como prima de liquidez.

Factores que influyen en la liquidez

No obstante, esto no quiere decir que todos los activos de un mercado cuenten con la misma liquidez. Así, y siguiendo con el ejemplo anterior, todas las acciones no tienen el mismo volumen de liquidez, ni siquiera perteneciendo al mismo país. Un factor que suele influir en la liquidez es la capitalización de la compañía. Así, las acciones denominadas blue chips, o compañías de gran capitalización, son muy líquidas debido a la alta demanda con la que suelen contar sus valores, tanto para comprarlos como para venderlos y convertir la acción en efectivo y recuperar la inversión. Por el contrario, las pequeñas compañías o small caps suelen ser menos líquidas.

De forma similar sucede a nivel general con los índices. Los principales índices bursátiles, como el S&P 500, o el Eurostoxx 50, por poner algunos ejemplos, son más líquidos que mercados más estrechos como pueden ser las bolsas de algunos países emergentes, que no cuentan con el mismo atractivo para los inversores. En el caso del mercado de deuda, sucede exactamente lo mismo. Los mercados más grandes, como el de deuda soberana de los principales países, es más líquido que, por ejemplo, el mercado de deuda de algunos países emergentes.

Los mercados más ilíquidos

Sin embargo, pese a que no existe una homogeneidad, en términos generales se puede decir que los mercados de renta variable suelen ser bastante más líquidos que los de otros activos. Así, uno de los mercados más ilíquidos es el inmobiliario, por la propia naturaleza de los activos, ya que cuesta más comprar o vender una propiedad. Lo mismo sucede, por ejemplo, con las infraestructuras. De ahí, que cuando se invierte en estos mercados se recomienda que se haga a largo plazo y que no se vaya a necesitar el dinero a corto plazo o con urgencia, ya que eso podría forzar a tener que vender a un precio menor incurriendo en pérdidas o en beneficios inferiores a los que se podrían haber llegado a alcanzar.

También son más ilíquidos los mercados denominados OTC (over the counter) o mercados no regulados. A grandes rasgos, podemos decir que en estos mercados existe la figura del creador de mercado, que se encarga de fijar los precios de oferta y demanda de un activo. Esta dinámica conlleva que uno de los riesgos de invertir en activos que cotizan en estos mercados sea la posible falta de liquidez, al menos a precios razonables.

Así, como hemos podido apreciar, la liquidez es uno de los aspectos más importantes a la hora de invertir, ya que influye tanto en la facilidad con la que podremos comprarlo o venderlo y en el precio del mismo para realizar ambas operaciones, y por tanto repercutirá también en nuestro horizonte temporal.