La inflación es un aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios durante un periodo de tiempo, lo que implica que con la misma cantidad de dinero se pueden comprar menos productos. Dicho de otro modo, es la disminución del valor del dinero respecto a la cantidad de productos que se puede comprar con dicho dinero.

Cómo se calcula la inflación

Para calcular la inflación se utiliza el Índice de Precios del Consumidor (IPC) compuesto por los productos y servicios que consume en España la población residente en viviendas familiares. Es decir, lo que conocemos como la “cesta de la compra”. Como el consumo es muy variado, ya que cada familia tiene unos hábitos de consumo distintos, los productos y servicios que se tienen en cuenta para comprobar los precios se dividen en tres categorías:

  • Artículos de consumo diario, como pueden ser los alimentos, la gasolina…
  • Bienes de consumo duradero, es decir, ropa, equipamiento del hogar…
  • Servicios, como la peluquería, alquiler o seguros.

A partir de aquí, se elabora una lista con los productos de la cesta de la compra de una familia durante un año. Se suma el gasto de todos los productos para obtener el gasto anual que servirá de base para calcular la inflación un año después.

Por ejemplo, si el gasto anual fue de 850 € y al año siguiente de 900 €, para calcular la inflación se divide (900/850) x 100 = 105,8 €. La tasa de inflación será del 5,8 %.

¿Qué tipos de inflación existen?

Si los precios aumentan de un año a otro la inflación sube, pero si bajan se produce deflación. Además, se diferencian distintos tipos de inflación según el nivel de incremento de precios:

  • Inflación moderada: cuando el aumento de precios es lento y, por tanto, son bastante estables.
  • Inflación galopante: si el alza de precios se incrementa por encima del 15 % o incluso supera el 100 %.
  • Hiperinflación: si la tasa supera el 1000 % que se da en graves crisis económicas o estanflación, que se produce en una situación de nulo crecimiento económico y alta tasa de desempleo.

¿Cómo afecta a los ahorros la inflación?

De acuerdo con la evolución de la inflación, debes adoptar diferentes estrategias para conseguir que tus ahorros no pierdan valor, ya que el objetivo cuando se ahorra o invierte es conseguir la mayor rentabilidad.

Con una inflación moderada, la tendencia es a contratar depósitos remunerados a largo plazo. Cuando la inflación es alta, el Banco Central Europeo, que tiene como finalidad mantener los precios estables para apoyar el crecimiento económico, sube los tipos de interés para controlarla. En esa situación, si tienes un préstamo o hipoteca, sufrirás un encarecimiento de la cuota hipotecaria. Por el contrario, si lo que tienes contratado son depósitos, conseguirás una mayor rentabilidad y aumentarán tus ganancias. No obstante, a esta rentabilidad hay que restarle la inflación, para saber el valor real de tus ahorros.

Traducido a números significa que si tienes 50.000 € ahorrados en el banco y la inflación es del 2 %, mantienes esa cantidad de dinero pero su poder adquisitivo es 1.000 € menor. Es decir, que para calcular la rentabilidad real de tus productos de ahorro tienes que restar a la rentabilidad nominal la inflación.

¿Qué puedes hacer para evitar que la inflación reduzca la rentabilidad de tus ahorros? Muy sencillo, debes invertir en productos que igualen o superen la tasa de inflación porque así mantendrás el valor de tu dinero.