El fantasma de la inflación parece que ha regresado, haciendo realidad uno de los principales temores de los inversores: complicar aún más conseguir rentabilidad. La inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios, lo que provoca que se puedan comprar menos bienes y servicios por cada euro, pero no solo afecta a la cesta de la compra o al resto de gastos diarios, sino que esta pérdida de poder adquisitivo también afecta a la inversión. No en vano, si los rendimientos no superan a la tasa de inflación se podría decir que no se está ganando dinero.

Con un ejemplo se ve más claro. Imaginemos que tenemos una tasa de inflación del 3 %, pero con nuestras inversiones solo hemos obtenido unos rendimientos del 2,5 % y, por tanto, no hemos batido a la inflación. En este contexto, el valor absoluto de nuestra inversión, evidentemente habrá aumentado – un 2,5 %-, pero aun así, habremos perdido poder adquisitivo. No obstante, peor habría sido no estar invirtiendo, ya que esta puede ser una de las formas de batir a la inflación.

Durante los últimos años, esto no ha sido un problema, ya que hemos vivido en un contexto de baja inflación debido a las políticas monetarias ultra acomodaticias de los bancos centrales, pero esta situación está cambiando y ha pillado a algunos inversores sin estar preparados.

Activos para proteger las carteras

Por tanto, con este escenario, la inflación es un elemento más que se debe tener en cuenta a la hora de construir las carteras y hay varios activos que pueden contribuir a paliar esta situación:

  1. Bonos ligados a la inflación o Treasury Inflation Protected (TIPS, por sus siglas en inglés). Se trata de bonos del Tesoro estadounidense cuyo valor nominal aumenta en línea con el IPC, protegiéndose así contra un incremento de la inflación y de tipos de interés. Cuando los TIPS vencen, a los tenedores de bonos se les paga el principal ajustado a la inflación o el principal original, el que sea mayor.

  2. Renta variable. En este segmento, se pueden favorecer acciones de compañías que tengan la capacidad de trasladar rápidamente la subida de los precios a sus clientes, como las del sector de productos básicos de consumo, aunque siempre conviene ser muy selectivo. Asimismo, es positivo seleccionar compañías que tengan un flujo de caja recurrente y con elevado crecimiento. Tampoco hay que olvidar las compañías que se benefician de las tendencias estructurales de la economía, como el envejecimiento de la población, cuyas perspectivas de crecimiento son muy positivas. Asimismo, normalmente el incremento de los tipos de interés que se suele dar en un entorno inflacionista favorece a los valores financieros.

  3. Oro. Tradicionalmente, se ha considerado el activo por antonomasia para protegerse contra la inflación por su descorrelación con los activos tradicionales, aunque a lo largo de la historia no siempre ha cumplido con esta misión.

  4. Otras materias primas. Aunque esta categoría es muy amplia y heterogénea, en general los precios de las materias primas suelen adelantarse al incremento de la inflación, ya que cuando aumenta el precio de un producto también lo hace las materias primas que se utilizan para producirlo. No obstante, cabe señalar que los precios de las commodities son muy volátiles y también se ven afectados por otros factores como, por ejemplo, los geopolíticos en el caso del petróleo.

  5. Activos no cotizados, activos reales. Lo positivo de los activos no cotizados es que también están descorrelacionados con los activos tradicionales. Además, en el caso de los activos inmobiliarios o las infraestructuras, por ejemplo, cuentas con un activo físico, que a su vez puede generar rentas, como puede suceder a través del alquiler de una vivienda, de un peaje en el caso de las carretas… precios que además se incrementan cada año.

Así, los inversores cuentan con opciones para intentar batir a la inflación. Los activos elegidos dependerán en otros aspectos de la aversión al riesgo de cada inversor y de su horizonte temporal, pero sea como fuere, el caso es que es posible.

Ten en cuenta que toda inversión en mercados financieros conlleva riesgos incluidos, entre otros, el riesgo de pérdida del principal invertido, de ausencia de rentabilidad y/o, en caso de cambio de divisa, de posibles incrementos o disminuciones del rendimiento en función de las fluctuaciones monetarias.


Este artículo ha sido redactado sin ánimo de exhaustividad y con efectos meramente informativos, sin que el mismo suponga ningún tipo de asesoramiento o recomendación por parte de Open Bank, S.A. Open Bank, S.A. declina cualquier responsabilidad por la emisión del presente artículo.