Dice un proverbio árabe que quien no entiende una mirada, nunca entenderá una larga explicación. Los ojos son uno de los elementos más importantes en comunicación no verbal. La mirada en lenguaje no verbal es nuestra intención real. Miramos lo que nos agrada, lo que nos interesa, lo que nos atrae. No dirigimos la mirada hacia lo que ignoramos, bien sea consciente o inconscientemente. La mirada activa nuestro hemisferio derecho y conecta y dispara directamente nuestra atención.

Las partes fundamentales de la mirada y por las que somos capaces de obtener información sobre una persona e inferir comportamiento son: la dirección y la posición de nuestros ojos, fundamentalmente nuestra pupila.

La pupila. Ese elemento fundamental de la mirada en la comunicación no verbal

Manejar la dirección de la mirada de forma consciente, aunque no es fácil, con mucha conciencia sí es posible, al menos puntual o temporalmente. Pero hay un elemento fundamental de la mirada totalmente incontrolable y por tanto muy, muy relevante para obtener información: la pupila.

A efectos de lenguaje no verbal, nuestros ojos tienen dos elementos externos fundamentales:

• El espacio blanco, esclera o esclerótica, que es además un elemento que sólo tenemos los humanos (los animales no la tienen),
• Y la pupila.

En comunicación no verbal estudiamos a fondo la pupila en su estado natural (sin intervención química de ningún tipo) y sus dos acciones fundamentales: la contracción y la dilatación. La pupila se contrae fundamentalmente por dos motivos:

Desagradado. Se contrae cuando algo no nos gusta, y
Automatización de una tarea o asunto. Esto es, se contrae cuando hacemos algo de forma mecánica, gastando pocos recursos de procesamiento y con alto nivel de dominio.

Al contrario, la pupila se dilata cuando algo nos interesa, nos gusta, nos atrae… Puede dilatarse hasta un tercio de su tamaño ante imágenes que nos agradan en extremo. La excitación o estimulación física lleva aparejada siempre la dilatación de la pupila, también en menor medida lo emocional y lo intelectual.

Pasa lo mismo cuando una actividad es nueva, cuando miramos algo por primera vez o cuando estamos ante algo desconocido. La pupila también se dilata si además de ser nuevo nos gusta, se dilata tanto que adquiere su tamaño máximo, es decir, se multiplica por tres. Por tanto, la emoción que tiene la capacidad de abrir más el ojo es la sorpresa, seguida del miedo.

En los ojos se registra también la alegría. Lo que realmente activa el núcleo de la felicidad en el cerebro es el orbis ocularis. Esto es, cuando no sonreímos con la boca sino con los ojos, se llegan a cerrar hasta una quinta parte de su tamaño cuando nos reímos con ocasión de una sonrisa auténtica. No hay felicidad real con ojos abiertos por mucho que sonriamos y esto, inconscientemente, siempre se transmite.

¿Cómo miramos? Debemos mirar y permitir que nos miren

Miramos mayoritariamente a la derecha cuando creamos, inventamos o recreamos con elementos nuevos, y a la izquierda cuando recordamos y buscamos información real concreta y específica, ya que buscamos en nuestro hemisferio izquierdo, que es “el lógico” o nuestro almacén de datos.

Lo hacemos hacia arriba cuando relatamos información visual, es decir cuando estamos viendo algo que nos llama la atención. Lo hacemos hacia los laterales si la información es auditiva y la hemos escuchado. Y hacia abajo si la información se procesa desde la emoción, es decir, si la hemos sentido o nos ha llegado a través del tacto.

El mayor centro de investigación de la pupila se encuentra en la Universidad de Chicago, donde se ha demostrado que, tanto en lo personal como en lo profesional, para conectar con alguien, debemos mirar y permitir que nos miren.

¿Cómo trabajar la comunicación no verbal en el trabajo?

El saludo empieza siempre mirando. También la despedida se hace con los ojos. Si damos la mano sin mirar no conectamos. Si sólo nos dirigimos a nuestro interlocutor con palabras, pero sin mirarle, conectamos menos aún.

De la misma forma, la búsqueda de acuerdos en el trabajo es más fácil cara a cara, o mejor dicho mirada a mirada. La mirada hace posible el acercamiento de posturas, nos hace más transparentes y más confiables.

Nunca podremos mostrar interés hacia otras personas si no las miramos. Además de ser una norma básica de educación y respeto, es una forma de conseguir atención y también de otorgarla. Somos mucho más influyentes cuando miramos al que nos habla. De hecho, la escucha activa es más potente acompañada de mirada. En estos tiempos, donde el uso de la mascarilla en lugares potencialmente concurridos es obligatorio, la mirada es el elemento que más va a centrar nuestra atención. Conocer algo más sobre la mirada se convierte en algo especialmente relevante en la comunicación no verbal.

Recuerda, no podemos no comunicar.