En esta entrega de comunicación no verbal en el trabajo vamos a analizar la posición del cuerpo en las reuniones.

Lo primero y más importante es observarnos a nosotros mismos. Después a nuestros interlocutores, para saber si lo que realmente transmitimos es lo que reflejamos, y por supuesto para saber si lo que nos dicen los demás con su discurso acompaña su expresión corporal.

Ya habíamos dicho en la introducción a la comunicación no verbal en el trabajo que si hay discordancia entre lo que decimos con las palabras y lo que expresamos con el cuerpo, esto último es lo más cercano a la realidad.

¿Quién ocupa la presidencia?

Es una posición que suele tener "dueño". Todos los convocados suelen saber quién debe ocuparla de manera orgánica, y casi por instinto sabemos cuándo no nos corresponde hacerlo porque la presidencia supone la posición de mayor jerarquía. El espacio de la presidencia, por sí mismo, ya es sinónimo de poder, así que debemos respetarlo cuando no nos toca, reconocer al que lo ocupa y también saber ejercerlo y representarlo cuando lo tenemos. Sentarnos en él cuando no somos la posición de poder, no va a favorecernos. De hecho, enfrentarnos a la presidencia puede llegar incluso a perjudicarnos.

Los lados del poder, ¿a la derecha o a la izquierda?

El lado izquierdo de la presidencia es más emocional mientras que el lado derecho es más racional. Si se trata de una reunión de datos y nos corresponde presentarlos y por tanto, defenderlos, somos más poderosos desde el lado derecho. En otro caso, el poder de persuasión, de llamar la atención, y en determinados casos de emocionar, estará siempre en el izquierdo.

La posición más débil

Es la que da la espalda a la puerta. Sin duda es la posición insegura de la mesa. En esencia, y pese a los 300 millones de años de evolución humana, en el fondo solemos reaccionar con más inestabilidad cuando a nuestra espalda está la puerta principal. Incluso se acelera más nuestra respiración, ya que representa el camino de la huida y también los posibles ataques de entrada. Seguida de ella, están las posiciones donde a nuestra espalda hay ventanas. Las posiciones fuertes siempre se corresponden con la espalda cubierta, es decir, aquellas que dan la espalda contra la pared.

“Cuando necesitemos un acuerdo llevemos a nuestro interlocutor al fondo de la sala”

Por establecer similitud con nuestros primitivos ancestros, estamos ante la cueva, cuanto más dentro estemos, menos opciones de ataque. Y eso nuestro inconsciente lo percibe. Cuando necesitemos un acuerdo llevemos a nuestro interlocutor al fondo de la sala.

Altura de la silla

La altura de la silla también es significativa. Independientemente de la comodidad que sintamos ante una determinada altura, somos más influyentes cuanto más se nos vea. Si tenemos que presentar, el impacto será mayor si nos levantamos, y dejaremos mucho mayor recuerdo si nos movemos. Si no lo llevamos muy bien preparado o no nos sale muy bien la presentación, el impacto también es mayor. Si no podemos levantarnos porque la ocasión no lo permite y el contexto no es propicio, una forma de ocupar una posición inconscientemente más relevante es elevar la silla. También una forma de pasar desapercibidos es bajarla.

Posiciones enfrentadas

Desde luego no es la posición óptima para llegar a acuerdos. Si la sala está lo suficientemente libre, intentemos ocupar posiciones colaborativas situándonos en el mismo lado de nuestro interlocutor o interlocutores, o en posición de semicírculo ocupando una esquina de la mesa. Si no tenemos más remedio que sentarnos unos en frente de otros, seamos distendidos y ayudemos con una sonrisa.

Miradas

Es muy importante mirar al que habla. Es la forma de reconocerle, valorarle y expresarle atención. Si es una conference call, o hablan varios, debemos mirar de manera equitativa a todos los participantes. Y por supuesto, cuando hablamos es importante mirar a todos, pero especialmente a la posición de poder. Podemos no participar con palabras en una reunión porque no nos corresponda presentar, pero siempre podemos mostrarnos partícipes y ser activos cuando reforzamos asintiendo, observando y cuando atendemos y entendemos.

Cómodos en lo incomodo

Una forma de ganar comodidad y, por tanto, confianza es ocupar espacio. Sabremos quién o quiénes son los inseguros por la falta de espacio que ocupan. Todos hemos vivido reuniones donde nos hemos ido haciendo pequeños como si literalmente encogiéramos. En esa situación, los demás incluso pueden llegar a ignorarnos de manera inconsciente. Si queremos seguridad ganemos espacio, estiremos hombros, brazos e incluso ocupemos espacio en la mesa, siempre con respeto y sin invadir el espacio de los demás.

Hombros

Los hombros tienen una función muy significativa, puesto que representan el peso de nuestra vida. Podríamos obtener muchísima información de una persona analizando las diversas posiciones de sus hombros. Cuando los hombros de los demás nos apuntan, lo digan o no, están de acuerdo con nosotros. Fijémonos a quienes apuntamos, son nuestros aliados.

Al final el éxito será de los que logren causar mejor impresión y ser más coherentes. Eso pasa por una palabra mágica y clave: RESPETO

Recuerda, no podemos no comunicar.