Siempre comunicamos, por ello es muy importante prestar atención a nuestra comunicación no verbal en el trabajo. Damos información cuando hablamos, pero también cuando no utilizamos palabras. Nuestra sola presencia deja un impacto a veces mucho mayor y sobre todo más fiable de lo que sentimos, e incluso de cómo somos, que cualquier discurso.

Dotamos de contenido racional a las impresiones que formamos, y que en inicio son inconscientes, después de unos minutos o incluso de varias interacciones.

Detrás de la comunicación no verbal hay una ciencia demostrada científicamente donde el estudio de las conexiones cerebrales es fundamental, pero también hay mucho de intuición y grandes dosis de observación.

Nuestros movimientos, posturas y gestos siempre revelan información. Esta información es sumamente valiosa porque la mayoría de las veces es inconsciente. Podemos controlar las palabras, la forma de expresarlas e incluso la forma de entonar, la frecuencia, la rapidez… pero sería imposible controlar durante mucho tiempo nuestras manos, mucho menos nuestros pies y realmente imposible nuestro rostro. Nadie, incluso los expertos en comunicación no verbal son capaces de controlar el movimiento de sus ojos, la dilatación de las pupilas o el grado en el que se abren cuando una emoción nos invade.

Aunque controles lo que dices, tu cuerpo siempre habla por ti

Si hay un ámbito de la vida donde conocer cómo nos manifestamos corporalmente y cómo recibimos la información de otro a través de sus posiciones y gestos es el ámbito laboral. La comunicación no verbal en el trabajo puede ser un instrumento más que ayude al interactuar con otros, en negociaciones o en el desbloqueo de situaciones enquistadas.

Podríamos estar presentes en una reunión, o en nuestro puesto de trabajo un día entero sin articular palabra y, sin embargo, alguien con tan solo observarnos podría llegar a averiguar nuestro estado de ánimo. Si nos observara con detalle de forma reiterada y permanente podría llegar a trazar nuestra personalidad con un alto porcentaje de fiabilidad.

No llegamos a ser conscientes de la influencia que nuestro cuerpo ejerce sobre las personas con las que nos relacionamos, de hecho en gran medida nos lo devuelven: simpatía, nervios, tensión, tranquilidad… es consecuencia de lo que emitimos y la mayoría de las veces lo emanan nuestros gestos.

Las posturas defensivas, como cruces con brazos, piernas o dedos de las manos, tensiones en articulaciones, gestos forzados con la boca, mirada difusa sin emitir foco en otro, separación exagerada al hablar con nuestro interlocutor y demás gestos involuntarios, generan un rechazo inconsciente que se manifiesta en cómo tratamos a otros.

La colaboración en el trabajo es la pieza fundamental

Podemos expresar nuestra mejor disponibilidad con compañeros o jefes, pero nuestra comunicación no verbal en el trabajo a través de nuestro cuerpo, nuestra apertura, dirección en la mirada y colocación del cuerpo, será la que dé la pauta definitiva de si lo que decimos es realmente lo que sentimos. Cuando detectamos incongruencia entre lo que alguien nos está diciendo y sus expresiones corporales, inconscientemente nos quedamos con lo que su cuerpo nos transmite.

En el trabajo hay que ser colaboradores, pero sobre todo hay que mostrar y generar colaboración, y en eso el cuerpo es una pieza fundamental.
Si queremos mostrar aprecio, miremos al interlocutor cuando nos habla, asintamos, estemos presentes, con posiciones frontales no laterales, ni de huida.

La comunicación no verbal se basa por un lado en conocimientos básicos sobre lateralidad cerebral. El lado izquierdo es el racional y el derecho el emocional y creativo, por tanto las partes del cuerpo (brazos, piernas, cara, manos) del lado contrario se relacionan con el lado lateral del cerebro. Las personas más emocionales suelen mover más el brazo izquierdo al hablar, anticipar su caminar con el pie izquierdo, tocar y tocarse preferentemente con ese lado y al contrario sucede lo mismo con las personas racionales y su movimiento con la parte derecha del cuerpo.

Además de esta regla genérica, los datos más concretos nos los dan los detalles, la proxémica (grado de proximidad con las personas), la inclinación hacia las personas y los objetos y el movimiento (suave o brusco). Ahí es donde verdaderamente sabemos el agrado, desagrado o miedos de una persona.

En sucesivas entregas iremos repasando la comunicación no verbal en el ambiente laboral, analizando las distintas partes del cuerpo.

Recuerda, no puedes no comunicar.