En los últimos años, la demanda de productos con criterios ESG (medioambientales, sociales y de gobierno corporativo) ha crecido exponencialmente, especialmente a raíz de la pandemia de la COVID-19, que ha demostrado la importancia de apoyar una sociedad más igualitaria y de cuidar el planeta.

Sin embargo, muchos de estos inversores que deciden adoptar un enfoque sostenible buscan algo más que el hecho de evitar determinados sectores controvertidos o contaminantes a la hora de construir sus carteras. Aspiran, además, a contribuir a cambiar las cosas. Esto ha propiciado que los grandes accionistas – como las gestoras de activos, por ejemplo, - presionen a las compañías para que mejoren sus políticas de sostenibilidad y la implementación de criterios ESG. Así, el engagement y el voto en las juntas de accionistas han cobrado mayor relevancia recientemente.

¿En qué consisten?

El engagement (que podría traducirse como compromiso en castellano), el activismo y la utilización del voto en las juntas accionistas es la forma que han encontrado las grandes gestoras de fondos y corporaciones para forzar a los consejos directivos de las compañías de las que son accionistas a que mejoren sus prácticas ESG.

De esta forma, los grandes accionistas han asumido así una parte de responsabilidad en el proceso de construir un mundo y una sociedad más sostenible en consonancia con su tamaño e importancia en la economía. Se han dado cuenta de que, desde su posición, pueden fomentar las buenas prácticas y que desde ‘dentro’ de las empresas es más fácil cambiar las cosas, o al menos intentar mejorarlas. Anteriormente, sus prácticas se limitaban a apoyar a las que ya implementaban estos criterios y excluir a las demás, pero ahora son conscientes de que pueden hacer más, y que la vía para conseguirlo es incentivando el cambio, no solo recompensando a la compañía que ya lo ha hecho.

Ahora, por un lado, ejercen activamente el proxy voting en nombre de los inversores a los que representan en las juntas de accionistas, promoviendo que las compañías informen acerca de sus políticas de sostenibilidad o votando en contra de medidas o actuaciones que, en su opinión, no son socialmente responsables. De hecho, a veces, incluso varios grupos de accionistas se unen para ejercer una mayor presión ante un tema determinado y obtener mejores resultados. Por otra parte, dentro del engagement, también ejercen presión para fomentar estos criterios a través de las reuniones y conversaciones que mantienen con los directivos y gestores de las empresas.

Como consecuencia, cada vez es más habitual que en las reuniones o las juntas no solo se traten aspectos financieros, sino que temas como el medio ambiente, el cambio climático, la remuneración de los empleados, los derechos humanos, la igualdad o la biodiversidad estén sobre la mesa y sean objeto de discusión.

Cabe señalar, además, que a través del impulso de estas temáticas no solo se tiene un impacto positivo en el medioambiente y en la sociedad, sino que los gestores también están protegiendo la rentabilidad financiera, ya que se obliga a las empresas a tener en cuenta los potenciales riesgos climáticos y sociales que en el futuro pueden impactar en sus modelos de negocio.