Cuando pensamos en ahorrar, normalmente lo hacemos con una meta, con un fin concreto. Pero más allá de los objetivos puntuales que nos podamos marcar en un momento determinado, hay uno que sobresale por encima de todos y es planificar financieramente la vida. Para ello, es aconsejable concebir el ahorro como una parte más del ciclo vital y otorgarle el lugar que debe ocupar en cada momento.

Al contrario de lo que pueda parecer a priori, la infancia es una de las fases claves del ahorro. Probablemente, no sumaremos 1 € a la hucha del futuro, pero sí sentaremos las bases que nos harán tomar las decisiones adecuadas posteriormente. Los estudios han demostrado que recibir una correcta educación financiera y promover la cultura del ahorro desde pequeños, tanto en el colegio como en las familias, fomenta que posteriormente estén más predispuestos a adoptar este tipo de decisiones.

Una máxima que debemos tener siempre presente es que las fases del ahorro están relacionadas entre sí y que las decisiones que tomemos en una etapa afectan directamente al resto, aunque no sea algo evidente de primeras.

Con la independencia, los primeros gastos

La juventud es otra fase muy relevante. Una vez superada la adolescencia y finalizados los estudios, llegan los primeros trabajos, responsabilidades y las ganas de independizarse. Y con los gastos que ello conlleva (vivienda, recibos, alimentación, etc.)

En esta fase llega por primera vez la hora de la verdad, de demostrar que somos capaces de realizar una correcta planificación, de cuadrar ingresos y gastos, de dotar una partida económica para disfrutar del tiempo libre y si es posible de destinar algo a ahorrar.

Probablemente, al principio, no seremos capaces de contar con excesivas reservas ni siquiera para imprevistos, pero si la planificación se ha realizado correctamente, con el tiempo deberían ir incrementándose.

Una transición difusa

Esta etapa se entremezcla, además, casi sin darnos cuenta con la vida adulta. Con el paso de los años, la vida evoluciona, se forman familias – cambiando a su vez las finanzas familiares-, suele ser, asimismo, una fase de consolidación profesional y las inversiones suelen ser de dos tipos: por un lado, suele producirse en muchos casos la adquisición de una vivienda y, por otro, debería - si no se ha hecho anteriormente, que hubiera sido lo más óptimo -, sentar las bases para la jubilación y poner el foco en productos de ahorro que permitan maximizar el rendimiento de las inversiones.

Al final de esta etapa, justo antes de la jubilación, se suele disfrutar de mayor estabilidad en los ingresos y menores gastos familiares, por ejemplo, en los casos en los que los hijos están independizados. Por lo que se debería poder destinar una mayor cuantía al ahorro que permita mantener el mismo nivel de vida tras la jubilación.

La última fase del ciclo llega precisamente en la madurez, tras la jubilación.

Pese a que haya llegado nuestro retiro laboral, el ciclo del ahorro no termina, ya que ahora habrá que gestionar unos menores ingresos. Así, mantener nuestro nivel de vida y nuestro ritmo de consumo, dependerá del nivel de ahorro y del rendimiento del mismo que hayamos obtenido en las fases anteriores.

Por tanto, para disfrutar de un retiro dorado, tendremos que planificar correctamente todas y cada una de las fases de nuestro ciclo de ahorro. Todas son igual de importantes y cuanto antes comencemos a pensar en ello, mejores resultados podremos obtener.