¿Y tú, cuántas programadoras conoces? Las estadísticas apuntan en la misma dirección: el futuro se presenta tecnológico. De la lista de los 15 empleos emergentes en el 2020 elaborada por la plataforma LinkedIn, 10 están directamente relacionados con la tecnología y la transformación digital. Las previsiones de los próximos años hablan de un crecimiento del 30 % en la oferta de empleos tecnológicos. Sin embargo, en España el número de mujeres en puestos tecnológicos apenas alcanzan el 15 % del total.

Día Internacional de la Mujer

¿Por qué es importante que nos sentemos a reflexionar y a dialogar acerca de ello? Los datos reflejan algo muy significativo: existe una desigualdad sistemática a la que las mujeres nos enfrentamos por el simple hecho de ser mujeres. No repensar esta problemática implica, a largo plazo, encontrarnos en una situación de desigualdad mucho mayor. Si las cifras continúan creciendo de este modo sin que se resuelva esta falta de diversidad, estaremos privadas de las oportunidades de conocer y generar impacto desde dentro en las profesiones que constituirán la economía global. Privarnos de estas profesiones del futuro implica quedarnos al margen del mercado laboral.

Esta problemática no es arbitraria, sino que, está construida desde la infancia. La revista Science publicó recientemente un estudio en el que concluía que, desde los 6 años, los estereotipos de género influyen significativamente en la creencia de que las chicas se consideran menos capacitadas para las cuestiones técnicas que los chicos. Esta autopercepción está tan arraigada que, incluso, condiciona las preferencias académicas de ellas. Cuestionarse estas creencias no es fácil, especialmente considerando que, desde la infancia, la sociedad nos asigna roles en función del género.

No es de extrañar entonces que exista esta brecha que, en última instancia, aleja a las mujeres de los puestos técnicos. Incluso aquellas que logran superar estas barreras de entrada, ajenas a sus capacidades y talento, sufren durante gran parte de su carrera el síndrome del impostor, independientemente de la formación y de la experiencia profesional que tengan. La falta de referentes femeninos en los entornos educativos, así como la poca visibilización de mujeres en certámenes de reconocimiento deportivo, económico, cultural o académico no contribuye en nada a que la problemática disminuya.

Por suerte, se están realizando avances y existe una mayor concienciación acerca de la importancia de la diversidad en la empresa. En el caso de Openbank, los esfuerzos por instaurar políticas de diversidad han contribuido a que el 54 % de los puestos de dirección estén ocupados por mujeres, y a que no exista brecha salarial. Actualmente, son muchos los referentes que están liderando equipos en el área tecnológica, y continuamos actuando para ser el banco digital de referencia atrayendo nuevos talentos femeninos.

También en lo social se están creando espacios que generan conocimiento técnico en comunidad, ofreciendo recursos y contactos para involucrarnos activamente en este sector en auge –el bootcamp de Adalab o el grupo de Desprogramadas son sólo algunos ejemplos. Pero esta lucha no ha terminado. Aún nos queda mucho camino por recorrer, para continuar construyendo, como individuales, pero especialmente como sociedad. Sigamos apostando por espacios en los que no estemos limitadas por los roles impuestos por cuestión de género, y recuperando el lugar en la tecnología que nos corresponde.