En todas nuestras relaciones, sean del tipo que sean, influyen de forma inevitable las emociones, nuestro propio bienestar depende, según la Psicología, de cómo seamos capaces de gestionarlas1.

Cualquier relación personal es, en realidad, una relación emocional. Tanto es así, que el investigador Daniel Goleman, psicólogo y padre la inteligencia emocional, ha acuñado el término "inteligencia social"2 para referirse al gran impacto de las relaciones con el entorno.

Y por tanto, la vinculación que tenemos con las empresas que nos prestan servicios, incluida la relación que tenemos con nuestro banco, también tienen un alto componente emocional.

Aunque los servicios bancarios cada vez se han estandarizado más y hay cada vez menos margen competitivo entre las distintas entidades financieras, es inevitable que nos atraiga uno u otro, más que por los productos que ofrecen, por el modo en que enfocan las relaciones humanas, por la manera en que se preocupan y ocupan de las personas y por la forma en la que nos prestan sus servicios, es decir, cómo tratan a las personas que está detrás de los ahorros que gestionan. Porque un banco no solo es el lugar donde depositamos nuestro dinero, sino también nuestra confianza.

Solemos acercarnos a todo aquello que es nuevo para nosotros con cierto miedo e incluso con algo de incertidumbre y en esas ocasiones, para poder hacerlo con tranquilidad, es necesario que nos aporten cercanía, ayuda y una atención sencilla. Eso nos sucede ante productos como préstamos, cuando nos embarcamos en una hipoteca o cuando queremos invertir. Por ello, es fundamental que encontremos entidades formadas por personas como nosotros que, además de ser profesionales y expertos, tengan vocación de apoyarnos, de acompañarnos en el camino, que empaticen con lo que sentimos… En definitiva, que nos entiendan y piensen en nosotros, en cómo hacernos fáciles y gratas unas operaciones que, objetivamente, no lo son tanto.

Los momentos más trascendentales de nuestra vida: financiar estudios, comprarnos una casa, casarnos, afrontar la maternidad… van a contar con el apoyo de un banco, así que es inevitable que la filosofía de la entidad resuene con nosotros, nos dé certeza y nos refuerce de forma sincera. Necesitamos que nos ayuden a gestionar nuestras necesidades y adentrarnos en temas (la mayoría de las veces desconocidos para nosotros) desde la humildad, el no juicio, el deseo de aportarnos y desde el profundo sentimiento de importarnos.

Todos tendemos a ser afines a quien comparte con nosotros valores, creencias, principios, maneras de pensar, pero también formas de sentir y, sobre todo, que entiendan los nuestros con empatía sincera, eso que en psicología social se conoce como sentimiento de pertenencia3. No todos somos iguales y por supuesto, las empresas (sean del sector que sean) tampoco lo son.

En las relaciones financieras, no solo buscamos los mejores tipos de interés, que, obviamente es importante, sino una filosofía de vida que compartamos y nos represente, es inevitable optar por ser parte de un proyecto cuyas ideas también nos muevan el corazón. La conciencia de apoyo a la justicia social, el medio ambiente, el cuidado a las personas, el apoyo a la diversidad, la actitud de servicio a los demás, la contribución a los que más lo necesitan, son aspectos a valorar a la hora de que una entidad financiera nos atraiga más o que no nos resuene en absoluto.

La calidad del servicio pasa por entender qué necesita el cliente, cómo lo necesita y desde donde cubrirlo. La tranquilidad y la seguridad son una prioridad. Y en Openbank, somos digitales, pero también personales.


1Mis emociones tienen el control de mi bienestar
2Goleman, D. (2010). Inteligencia social: la nueva ciencia de las relaciones humanas. Editorial kairos.
3Flores, I. (2005). Identidad cultural y el sentimiento de pertenencia a un espacio social: una discusión teórica.