Si hay un debate recurrente dentro de la industria de inversión es el de si es mejor la gestión activa o la pasiva. Especialmente desde hace unos años, en los que la gestión indexada se ha ido haciendo un hueco cada vez mayor en las carteras, impulsada en gran medida por la creciente gama de productos por parte de las gestoras. ¿En qué se diferencian una y otra? ¿Son excluyentes o pueden ‘convivir’ en una misma cartera?

Como su propio nombre indica, la gestión activa es aquella en la que el gestor se implica “activamente” en la gestión y selecciona las compañías que incluye en la cartera y el peso que tienen dentro de ella. Por el contrario, en la gestión pasiva el fondo indexado o ETF se limita a replicar un índice, con su misma composición y peso de las empresas incluidas en el índice.

Pero vamos al principio. Habitualmente, los fondos tienen lo que se denomina un índice de referencia o benchmark con el que se comparan en base a su política de inversión. Por ejemplo, para un fondo de bolsa europea su benchmark puede ser el índice Eurostoxx 50. Para los fondos de gestión activa este índice supone una mera referencia para medir su rentabilidad y el éxito de su gestión, ya que el objetivo suele ser batir este índice y obtener una rentabilidad superior. Sin embargo, para los fondos pasivos este índice marca la composición de su cartera y la rentabilidad que se pretenda conseguir será la de dicho índice de referencia.

Para lograr su objetivo, los gestores activos construyen su cartera incluyendo a las compañías que, dentro de su universo de inversión, consideran que tienen mejores perspectivas de revalorización según sus análisis y perspectivas de mercado. La cartera es un elemento ‘vivo’ y los gestores la van modificando para ajustarla y obtener los mejores rendimientos posibles. En la gestión pasiva, dichos ajustes solo se producen para reflejar en la cartera los cambios que ha experimentado el índice de referencia.

¿Podemos decir que una es mejor?

Como todo, cada tipo de gestión tiene sus ventajas y sus desventajas:

  • Comisiones y gastos. Evidentemente, estas diferencias a la hora de gestionar se suelen reflejar en los costes y comisiones que soportan ambos productos. Los fondos activos suelen tener comisiones más altas, que reflejan la mayor implicación del gestor y la gestión diaria que se realiza, así como el mayor número de operaciones en la cartera. Por el contrario, en los fondos indexados o ETF no suele haber un equipo gestor detrás y, además, como se realizan menos operaciones, esto también hace que los gastos que soporta el fondo sean menores.

  • Rentabilidad. Como hemos comentado anteriormente, en la gestión activa se intenta batir el índice y obtener mayores rentabilidades, por lo que el potencial de rendimiento es más elevado, aunque no siempre se logra este objetivo. Por su parte, en la inversión indexada tan solo se puede igualar la rentabilidad del índice, y, además, si el índice baja, el fondo indexado también lo hará en la misma medida.

  • Diversificación. En el caso de la gestión activa, la diversificación dependerá del número de compañías que se incluyan en la cartera y las características de cada una de ellas. En la inversión indexada, la clave es la elección del índice. Por ejemplo, en el caso del IBEX 35, a priori parecería que tiene una buena diversificación porque está compuesto por 35 empresas, pero el elevado peso que tiene el sector financiero en su composición, hace que la diversificación sectorial no sea óptima.

  • Horizonte temporal. La gestión pasiva está pensada para un horizonte temporal a largo plazo, ya que esto permite compensar la volatilidad y oscilaciones que suelen registrar los mercados a corto y medio plazo y obtener rendimientos más estables. La gestión activa puede hacerlo bien en cualquier horizonte temporal , pero el largo plazo también facilita evitar los vaivenes del mercado.

¿Es necesario elegir?

Teniendo en cuenta estas características, se comprueba que ambos tipos de gestión tienen sus pros y sus contras. Además, también se puede ver que no son excluyentes y que se pueden combinar perfectamente en una cartera, por ejemplo, para tener exposición a diferentes mercados o regiones.

De hecho, muchos expertos sostienen que precisamente ahí radica la clave del éxito. No en vano, la complementariedad de ambas permite adaptar mejor la estrategia que se va a seguir en cada parte de la cartera para alcanzar nuestros objetivos.

De hecho, así funciona nuestro servicio de inversión automatizada Roboadvisor. Las decisiones de composición de tu cartera las toma un equipo de especialistas y los correspondientes ajustes se realizan de forma automática. De esta forma, podemos optimizar las estrategias de inversión a medio y largo plazo.


*Toda inversión conlleva riesgos, incluido ausencia de rentabilidad y/o pérdida del principal invertido.

Este artículo ha sido redactado sin ánimo de exhaustividad y con efectos meramente informativos, sin que el mismo suponga ningún tipo de asesoramiento o recomendación por parte de Open Bank, S.A. Open Bank, S.A. declina cualquier responsabilidad por la emisión del presente artículo.
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