El papel de la mujer en la sociedad y su presencia en diversos ámbitos es cada vez más relevante. Sin embargo, no está igual de representada en todos los sectores debido a distintas cuestiones. En los últimos años, una de las industrias que más ha ido evolucionando hacia esa tendencia y donde más peso han ganado las mujeres es en el sector financiero, aunque aún se encuentra lejos de la paridad.

Las entidades financieras se han dado cuenta de que contar con equipos diversos, formados por hombres y mujeres, constituye un valor añadido, ya que permite aglutinar diferentes puntos de vista y formas de trabajar. De hecho, se ha convertido en una cuestión estratégica que tiene un impacto medible en las cuentas de las empresas.

No obstante, en los puestos directivos aún dominan los hombres. Según el estudio de la consultora Oliver Wyman Women in Financial Services 2020, publicado a finales del año pasado, aunque se aprecia una progresión, por ahora solo hay un 20 % de mujeres en los comités ejecutivos y un 23 % en las juntas directivas (en 2003 la cifra se situaba en el 11 % en ambos casos).

Así, aunque lentamente, cada vez hay más presencia femenina. Sin ir más lejos, el primer banco de España, Banco Santander, está presidido por una mujer: Ana Botín. Hay otros bancos que también tienen una consejera delegada o varias gestoras de fondos internacionales y nacionales que tienen como responsable en España a una mujer. En este sentido, el mismo estudio destaca que el sector financiero aventaja en cuatro puntos porcentuales a otros sectores en los que la presencia femenina en el comité directivo se refiere.

Estilos de gestión complementarios

Aunque a priori pueda parecer que hombres y mujeres deberían gestionar de la misma manera, los estudios muestran que no es así y que los estilos de ambos son complementarios y facilitan la consecución del éxito. Está probado, por ejemplo, que las mujeres son más conservadoras a la hora de invertir, y no solo en lo que a sus finanzas personales se refiere (que también), sino en las decisiones que adoptan en las empresas.

Por ejemplo, son más reacias a pedir préstamos para financiar sus empresas, según pone de manifiesto un estudio de 2019 publicado por el Banco de España, titulado Gender Gap in Bank Credit Access, que apunta que la posibilidad de que las mujeres directivas soliciten un préstamo en los años posteriores a la fundación de su empresa se sitúa entre el 10 % y el 25 %. Además, son mejores pagadoras.

Y lo mismo sucede cuando son ellas las que tienen que conceder los créditos. El estudio Gender and credit risk: a view from the loan officer’s desk, realizado por José García-Montalvo y Marta Reynal-Querol, de la Universidad Pompeu Fabra, descubrió que la cartera de préstamos fallidos de las gestoras era inferior a la de los hombres. La investigación se llevó a cabo en 2008, cuando la concesión de créditos estaba en máximos y puso de manifiesto que las mujeres rechazaban el 36 % de los préstamos calificados de alto riesgo por la entidad, mientras que en los hombres este porcentaje baja al 15 %, concluye el estudio.

Aversión al riesgo

Respecto a sus inversiones personales, son muchas las encuestas o estudios que demuestran que las mujeres son más cautas a la hora de invertir. Según un estudio del Observatorio Inverco, las mujeres invierten un porcentaje inferior de su patrimonio total que los hombres, un 26 % frente a un 30 %, respectivamente y durante más tiempo (4,9 años de media vs 4,5). Asimismo, invierten en productos más conservadores y solicitan mayor información y asesoramiento antes de tomar decisiones de inversión.

Además de otros múltiples y muy valiosos factores, esta cautela y racionalidad de las mujeres en la toma de decisiones en general, proporciona a los equipos diversos e inclusivos un valor añadido que se refleja en los resultados de las empresas, que no deberían dejar escapar la oportunidad de atraer talento femenino y contar con una visión diferente de las finanzas.