Por lo general, a la hora de invertir se piensa en elegir productos o activos tradicionales, como pueden ser acciones, bonos, fondos de inversión o fondos cotizados, especialmente en el caso de los inversores minoristas. Sin embargo, la gama de vehículos de inversión disponible en el mercado es más amplia y entre ellos se encuentran los productos derivados, que son habituales entre profesionales y que poco a poco han ido ganando popularidad entre el inversor retail.

¿Qué son los productos derivados?

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) define los productos derivados como “instrumentos financieros cuyo valor deriva de la evolución de los precios de otro activo, denominado activo subyacente”. Los activos subyacentes pueden ser acciones, bonos, divisas o materias primas, entre otros.

A grandes rasgos y de forma muy simplificada, un derivado es un acuerdo al que llega un comprador y un vendedor para fijar el precio de un activo en una fecha futura concreta. Salvando las distancias y extrapolado a un ejemplo de la vida cotidiana, sería como si se encarga un kilo de manzanas al frutero para dentro de un mes y se pacta un precio de 1,90 €. Transcurrido ese mes, si durante ese periodo el precio del kilo de manzanas ha bajado y el precio de mercado de ese momento es de 1,50 €, el comprador habrá pagado más de la cuenta y el vendedor habrá obtenido beneficios adicionales. Por el contrario, si ha subido y el precio de mercado es 2,10 €, el vendedor habrá perdido dinero en la operación. Este concepto se traslada al mercado financiero con subyacentes como los anteriormente mencionados, aunque cabe precisar que en el caso de los subyacentes financieros, normalmente no se poseerá el activo físico. Ni siquiera al vencimiento de contrato.

Asimismo, los derivados permiten utilizar lo que se conoce como apalancamiento financiero, es decir, utilizar deuda para disponer de un capital mayor para invertir. De esta forma, si los resultados son positivos, la rentabilidad es muy superior al dinero que se ha invertido. Por el contrario, si ha sido negativo la pérdida será superior al dinero desembolsado. Debido a estas características, los derivados están considerados productos complejos, ya que entrañan un riesgo superior y cuentan con una menor liquidez que los activos tradicionales.

¿Dónde se negocian?

Los derivados se pueden negociar en mercados organizados o no organizados (conocidos como OTC - Over The Counter – por sus siglas en inglés). En España, el mercado oficial de futuros y opciones financieras es el MEFF. Si la negociación se realiza en mercados organizados, esto conlleva una serie de garantías para las partes implicadas:

  • Condiciones de la operación fijadas previamente. El importe del nominal, el activo subyacente y el plazo de vencimiento están definidos y no se pueden modificar.
  • Negociación. Se puede vender durante la sesión sin esperar a la fecha de vencimiento.
  • Aval. En algunas operaciones, es necesario desembolsar una cantidad a modo de depósito que asegura que a vencimiento se puede cumplir con la obligación de pago.
  • Intermediario autorizado. La negociación se realiza a través de un miembro del MEFF.

Tipos de derivados

Dentro de los derivados, existen diferentes tipos de productos y estas son, en líneas muy generales, sus características principales:

  • Futuros. Es el derivado ‘tipo’. Según la CNMV, “es un contrato por el que se acuerda el intercambio de una cantidad concreta de activo subyacente en una fecha futura predeterminada, a un precio convenido de antemano”. Se denomina "posición larga" a la del comprador de futuros. Al vencimiento del contrato tendría derecho a percibir el activo subyacente. Si prefiere cerrar su posición en el mercado antes del vencimiento, puede realizar la operación contraria, es decir, vender futuros. La "posición corta" es la del vendedor, que se compromete a entregar el subyacente a vencimiento por el precio fijado. Puede deshacerse de la posición comprando antes del vencimiento. En los contratos de futuros, tanto las ganancias como las pérdidas pueden ser ilimitadas.
  • Forward. Es similar a un contrato de futuros, pero se negocia en un mercado no organizado, con los riesgos que implica, ya que es un acuerdo privado entre las partes.
  • Opciones. Tratan de evitar las pérdidas ilimitadas que pueden producirse cuando se operan con futuros. Para ello, en las opciones, el comprador abona una cantidad, que se denomina prima, que le permite elegir si cumple o no con lo pactado, en función de si le beneficia o no el resultado de la operación. En resumen, la prima le otorga el derecho de ejercitar o no la opción, para tratar de limitar las pérdidas potenciales, de forma que, si el resultado es negativo, el comprador solo pierde la prima. Por su parte, el vendedor debe cumplir con lo firmado en el contrato.
  • Warrants. Son productos derivados que se negocian en mercados organizados y otorgan el derecho de comprar o vender un activo subyacente a un precio fijado (llamado precio de ejercicio) y a una determinada fecha. Es importante remarcar que ofrecen el derecho, pero no obligan a materializar la compra o la venta, eso dependerá del precio del subyacente (precio de liquidación) en relación al precio de ejercicio. Hay dos tipos:
    1. Warrants de compra (call). Otorga la opción de comprar el subyacente a un precio acordado (de ejercicio). Si el precio de liquidación es superior al de ejercicio, el contrato se liquidará pagando la diferencia resultante.
    2. Warrants de venta (put). Ofrecen el derecho a vender el activo subyacente al precio de ejercicio. Si el precio de liquidación es inferior al de ejercicio, el contrato se liquidará abonando al titular la diferencia resultante.
  • Certificados. Son emitidos por las entidades financieras, cotizan en bolsa y replican el comportamiento de un activo subyacente. Dan derecho a recibir un importe en función de la evolución que experimente el activo subyacente.
  • CFD o contrato por diferencia. Acuerdos por los que un inversor y la entidad emisora se intercambian la diferencia entre el precio de compra y el de venta de un activo subyacente. Se negocian en las plataformas de la entidad emisora.

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