Libros, material escolar, uniformes, un ordenador o una tablet nueva… y todo ello después del gasto que han supuesto las vacaciones. ¿Cómo hacer frente a todos estos gastos?

La llegada de septiembre no sólo supone el fin del periodo estival, también representa el inicio de un nuevo curso escolar y el comienzo de muchas actividades, tanto para niños como para adultos, con el desembolso económico que ello conlleva. Para ayudar a aliviar la ‘cuesta de septiembre’ (que a veces es más inclinada que la de enero), hay productos de financiación que pueden facilitar que sea más llevadera. Las opciones más comunes para financiar las compras son aplazar el total o parte del importe de las mismas o recurrir a un préstamo personal.

Una solución: financiar compras con tarjetas de crédito o con préstamos personales

En el caso de la financiación de las compras existen varias modalidades. La más habitual es la utilización de la tarjeta de crédito, que suele permitir aplazar los pagos hasta comienzos del mes siguiente sin comisiones. Además, muchas tarjetas de crédito también facilitan aplazar pagos e ir abonándolos en varias cuotas, que a su vez, pueden ser fijas o variables. Es decir, se puede decidir pagar, por ejemplo, 100€ cada mes. Aunque, estas opciones, dependiendo de la entidad, pueden tener un coste extra en forma de interés. Sin embargo, el importe que se puede financiar mediante esta modalidad suele ser inferior al de un préstamo personal, al igual que los plazos de devolución también son menores.

En los préstamos personales o al consumo, por el contrario, la cantidad que se puede solicitar es mayor, aunque también tiene un límite. El funcionamiento es muy similar al de otros créditos: la entidad concede el importe solicitado, que el cliente deberá devolver con intereses en los plazos y cuotas acordadas. Como sucede en los créditos hipotecarios, la TAE (Tasa Anual Equivalente) es el indicador más fiable a la hora de comparar cuál conviene más, ya que además de los intereses, en esta cifra también están incluidos algunos costes del préstamo.

Protegerse contra posibles descubiertos

La gran diferencia de estos préstamos respecto a los hipotecarios, además del anteriormente mencionado importe máximo, es que no necesitan que el cliente aporte una garantía, que en el caso de los hipotecarios suele ser la propia casa que se está financiando. Y esta es una de las razones por las que los préstamos personales suelen tener un tipo de interés más elevado, ya que la entidad asume un riesgo mayor. Asimismo, la concesión de un préstamo personal también conlleva menos trámites legales a la hora de su formalización que una hipoteca. E incluso, hay casos en los que estos préstamos personales están pre concedidos o pre aprobados al cliente por parte de la entidad.

Debido a estas características, los préstamos personales suelen utilizarse para la adquisición de un vehículo, por ejemplo, mientras que normalmente se recurre a la financiación con las tarjetas de crédito para la compra de los libros de textos, de un ordenador u otros gastos extras que pueden surgir. En cada caso concreto debe valorarse qué opción encaja mejor en ese momento.

En cualquiera de los casos, cabe señalar que habrá que hacer frente a las cuotas de la financiación obtenida más el resto de gastos cotidianos e imprevistos. Hay entidades que para evitar posibles números rojos no deseados, ofrecen también protección contra los descubiertos en cuenta, adelantando en caso necesario un importe previamente establecido que permite al cliente volver a disponer de dinero en la cuenta. El cliente lo tendrá que devolver posteriormente con un pequeño interés, pero evita el descubierto en cuenta que, normalmente ocasiona más gastos.

Si te interesa conocer las condiciones de nuestro Préstamo Personal puedes consultarlas desde la web o en la App Openbank.

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