La detección de la mentira es sin duda la "estrella" del Lenguaje No Verbal. Y quizá la pregunta más recurrente sobre Comunicación No Verbal es: ¿Cómo podemos saber cuándo nos mienten?

Todos mentimos, al menos alteramos la verdad, y lo hacemos más frecuentemente de lo que creemos. Pamela Meyer, una de las expertas más importantes sobre la mentira, cifra el número de veces que faltamos a la verdad ente 10 y 200 veces al día, según la persona y situación1.

Este volumen puede asustar. Sin embargo, en 2013 un equipo de investigación de la UANL de México realizó un estudio cognitivo de la mentira humana2, diferenciando los engaños donde existe una actividad cerebral con mecanismos de procesamiento cognitivo y su número es más limitado, de otras formas de alteración de la realidad, que suceden incluso en primates, lo que demuestra que hay inconsistencias de evolución biológica no deliberadas, y estas son en realidad la mayoría.

Hay que distinguir por tanto, mentiras intencionadas, que se producen cuando de forma consciente se expresa una información errónea o distorsionada, de aquellas ocasiones en las que se oculta parte de la información, de otras situaciones en las que sin ninguna intención el cerebro modifica las reacciones. Son alteraciones naturales, en un fenómeno que se conoce como "creerse las propias mentiras". En estos últimos casos, no hay intención de engaño a otras personas, pero sí hay falta de conciencia propia sobre un hecho, acto o situación.

En el lenguaje corporal las mentiras siempre dejan señales que pueden interpretarse. Saber si alguien corporalmente con posturas o gestos está comunicando una información contraria o diferente a la que está diciendo es relativamente fácil incluso para un no experto en gestualidad y comunicación. Sin embargo, es muy difícil determinar el grado de intención real que hay detrás de ese mensaje, y esa es la clave para poder emitir un juicio o sentirnos engañados.

Un estudio publicado en la Revista “Revisiting Perceiver and Target Gender Effects in Deception Detection” de Lloyd, Summers, Hugenberg y McConnell3 , establece que las personas somos capaces de detectar el 54 % de las mentiras. Si prestamos mucha atención y conocemos bien al interlocutor este porcentaje aumenta. Por género, las mujeres son mejores detectando mentiras que los hombres, el motivo es que tienen más capacidad para el reconocimiento de emociones y más facilidad para detectar gestualidad.

Siempre que la mente duda, hay algún signo corporal que lo delata. El psicólogo y grafólogo Roberto Espinosa mantiene que todas las mentiras generan una reacción física, más o menos evidente según la situación, el tipo de mensaje, o la intención, pero siempre hay una traza física.

En el caso de mentiras intencionadas, hay partes del cuerpo que son más fáciles de controlar, cuanto más cerca del cerebro más fácil es el control. Por ejemplo, es más fácil controlar los brazos que las piernas, y los brazos que las manos, pero lo que es imposible dominar es el rostro, ya que gran parte de sus movimientos son inconscientes, por tanto, las microexpresiones faciales son incontrolables.

Un principio básico en el que insistimos siempre en Comunicación No Verbal, es que un solo signo no sirve para sacar una conclusión. Deben darse varios ítems y es muy importante el contexto donde se produce ese gesto, postura o expresión. Con la mentira si cabe, hay que ser mucho más precavido y solo cuando el gesto sea evidente, vaya acompañado de otros gestos o posturas que lo refuercen, y el contexto encaje, podemos inferir que hay una posible mentira o al menos una incoherencia entre la expresión verbal y la no verbal.

Signos en el lenguaje corporal de posibles mentiras:

  • Tocarse la nariz, es la alegoría del cuento de Pinocho. La punta de la nariz activa más cantidad de riego sanguíneo cuando intentamos alterar un mensaje, por tanto, se dilata, además el hormigueo hace que nos la toquemos más.
  • Taparse o tocarse la boca intentando ocultarla, en su defecto un signo mucho más suave es apretar los labios. Es una reacción fisiológica para evitar que hablemos. Como el lenguaje sí es consciente, seguimos hablando, pero las señales cerebrales siempre tienden a obstaculizarlo.
  • Cambios en la mirada, las 3 posibles reacciones son: no mirar a los ojos, frotarlos o tocarlos tapándolos total o parcialmente o bien mirar muy fijamente, para intentar que no se note que vamos a decir algo que no es cierto. En los 3 casos hay una forma de mirar poco natural y un cambio respecto a la forma habitual de mirar del interlocutor o diferencias cuando habla de otros temas.
  • Micropicores o movimientos en distintas partes del cuerpo: es la forma inconsciente de distraer la atención sobre el mensaje verbal. Una parte donde más se manifiestan es en el cuello, por tanto, tocarnos demasiado el cuello es signo al menos de inconsistencia en mensajes. También en el lenguaje no verbal de las manos y piernas.
  • Modificación en el tono de voz. Más temblorosa y menos consistente que cuando el mensaje es verdadero, ya que el cerebro no está preparado para mentir.
  • Expresión de sorpresa mantenida y exagerada, esto significa una apertura de ojos durante demasiado tiempo, es señal de que es forzada e impostada. Ya que la sorpresa dura apenas un quinto de segundo, es totalmente espontánea y solo con un nivel de atención muy alto se puede percibir.
  • Giros de cabeza ante preguntas concretas. Ante una pregunta directa si la respuesta es no pero el primer giro de cabeza es hacia la derecha, es un no falso. El motivo es que el hemisferio derecho no registra combinaciones binarias, no es un hemisferio que tenga la función de recordar, sino de crear.

Tanto lo que deliberadamente ocultamos como lo que omitimos tiene consecuencias en nuestro comportamiento.

Recuerda: No podemos no comunicar.


Referencias utilizadas:
1Becerra, A., Sánchez, F., & Carrera, P. (1989). Indicadores aislados versus patrón general expresivo en la detección de la mentira. Estudios de psicología, 10(38), 21-29.
2Becerra, A., & Sánchez, F. (1989). Análisis de las variables implicadas en la detección de la mentira. Revista de psicología social, 4(2), 167-176.
Masip, J., Garrido, E., & Herrero, C. (2004). La detección de la mentira mediante la medida de la tensión en la voz: Una revisión crítica. Estudios de psicología, 25(1), 13-30.
3Freitas-Magalhães, A. (2017). ¿Por Qué Me Mientes? Ensayo Sobre la Cara de la Mentira (edición revisada y anotada). Leya.