Cuando se habla de invertir en la bolsa española, la mayoría de nosotros pensamos casi sin darnos cuenta en el IBEX 35, el principal índice bursátil nacional y donde cotizan las 35 mayores compañías del país. Pero no son las únicas. Hay más empresas que también cotizan, aunque no pertenezcan a este selecto grupo, y lo hacen en el mercado continuo. De hecho, este mercado secundario está compuesto por todas las compañías cotizadas (incluidas las del IBEX).

Su origen se remonta a 1989 cuando comienza a funcionar el mercado continuo para acciones, basado en el sistema de Toronto, el denominado “CATS” (Toronto Computer Assisted Trading System), según consta en Bolsas y Mercados Españoles. Se inició con siete grandes valores y finalizó el año con 51. Hasta ese momento, los precios de las acciones se fijaban dos veces al día y no de forma constante como sucede actualmente gracias a la informática.

A día de hoy, y desde 1995, el mercado bursátil español opera sobre la plataforma SIBE (sistema de interconexión bursátil español), desarrollada por BME, que garantiza la interconexión de las cuatro bolsas españolas: Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia. Además de acciones, en SIBE también se negocian otros productos como ETFs, warrants o certificados.

Gran parte de “los valores que cotizan en el SIBE forman parte de la contratación general, que se basa en un mercado continuo dirigido por órdenes, lo cual quiere decir que el precio se forma de la contraposición (el cruce) de las ofertas de compra y de venta”, según explica la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Sin embargo, hasta 2009 aún se podían comprar y vender acciones de viva voz en los denominados corros. A partir de ese momento, los valores con menor liquidez comenzaron a cotizar en corros electrónicos con el objetivo de potenciar dicha liquidez, aumentar su transparencia y mejorar su accesibilidad, haciendo que el mercado español fuera más eficiente y global.

Para este tipo de valores, la contratación se realiza mediante el sistema de contratación de fixing, que está basado en subastas que se realizan dos veces al día. Al cierre de cada una de ellas, se cruzan las operaciones acumuladas y se fija el nuevo precio de cotización, tal como detalla la CNMV.

¿Qué cambió la llegada del mercado continuo?

No en vano, el mercado continuo permite que cualquier valor cotice de forma simultánea en cualquiera de las bolsas españolas y que, además, todas las operaciones estén centralizadas y se puedan realizar las transacciones (compra y venta) en tiempo real. Asimismo, tampoco importa en qué lugar se encuentre físicamente la persona que quiere realizar la transacción. Las operaciones se realizan a través de internet y los brókers pueden disponer de toda la información de las cotizaciones con tan solo mirar su pantalla. El resto de parqués bursátiles mundiales también utilizan sistemas informáticos similares que permiten esta inmediatez.

Por tanto, la introducción del mercado continuo supuso una evolución y una transformación digital para las bolsas, que contribuyó a la transparencia, rapidez, descentralización y accesibilidad de las operaciones bursátiles.