La esperanza de vida cada vez es mayor. Un hecho que, a todas luces es positivo, ya que permite disfrutar más, especialmente una vez se ha alcanzado la jubilación y se dispone de más tiempo libre. No obstante, esto no solo amplía el abanico de oportunidades, sino que también conlleva afrontar nuevos retos que hasta ahora no eran tan evidentes.

El reto más evidente de la longevidad es el económico, tanto para los individuos como para las sociedades. Para los países, supone afrontar un mayor gasto en pensiones públicas y también en asistencia sanitaria, ya que deben abonar estos gastos durante más años. Tanto es así, que casi todos los gobiernos están adoptando medidas para retrasar la edad de jubilación y acometiendo reformas estructurales en sus sistemas de pensiones.

En el caso de los trabajadores, la necesidad de complementar dicha pensión pública con sus ahorros y conseguir que éstos sean suficientes para los años que vivan tras jubilarse es cada vez más acuciante. En este sentido, los productos de ahorro e inversión desempeñan un papel fundamental a la hora de conseguir este objetivo. Asimismo, el largo plazo, o lo que es lo mismo, comenzar a ahorrar con antelación para la consecución de este logro, junto con una correcta planificación financiera, son otras de las claves del éxito.

Oportunidades de inversión

Pero precisamente, los retos también pueden ser oportunidades, en este caso de inversión. El envejecimiento de la población va a dar como resultado una mayor tasa de dependencia y una mayor necesidad de servicios relacionados con la salud, la fisioterapia, la teleasistencia, la telemedicina, etc. De ahí que estas temáticas cuenten con potencial de inversión.

Al igual que es el momento de invertir en investigación médica. Las terapias relacionadas con la genética, la biotecnología, la cirugía robótica o la inmunoterapia, entre otras ciencias biomédicas, son el futuro de la medicina moderna. Y no hay que olvidarse de la robótica y su contribución a la adaptación de los hogares para las personas dependientes, a través de la Inteligencia Artificial o la domótica, que contribuirán al bienestar de los mayores y a mejorar su calidad de vida.

Lo mismo sucede con todo lo relacionado con el ocio y el consumo de la que se ha denominado Silver Economy (aludiendo al color plateado de sus cabellos canosos). Aunque debido a la pandemia de la COVID-19, esto ha pasado a un segundo plano actualmente. Antes del virus (y esperemos que cuando se retome la normalidad), el tiempo libre de los jubilados les conviertía en potenciales consumidores de ocio, especialmente en todo lo relacionado con el bienestar: viajes, spas, restauración, etc.

Así, queda claro que, aunque a priori pueda parecer que el envejecimiento de la población puede suponer un problema para las sociedades modernas de los países occidentales, también es un oportunidad de desarrollo, tanto para sus ciudadanos como para la economía de los países si se toman las decisiones correctas y se aprovecha el potencial subyacente que se esconde tras una generación que aún tiene mucho que ofrecer después de la jubilación.