Se acerca el gran día y todo son preparativos para la boda: el lugar de la celebración, el vestido, el menú, la lista de invitados… En todo esto, una buena planificación financiera y, más concretamente, el presupuesto destinado al evento, juegan un papel fundamental, pero a menudo no se presta la suficiente atención al resto de aspectos financieros que rodean a una pareja y las implicaciones que puede conllevar dar el “sí quiero”.

Aspectos financieros a tener en cuenta antes de casarse

Estado previo

Consiste en tener una visión general de las finanzas del cónyuge y saber si la otra persona cuenta con una hipoteca, propiedades, deudas contraídas o simplemente conocer qué ingresos y gastos tiene habitualmente. No se trata de ‘fiscalizar’ a la otra persona, sino de ser conscientes de que hay aspectos que posteriormente puede inferir, por ejemplo, a la hora de solicitar un préstamo.

Separación de bienes o gananciales

Antes de formalizar la unión, todas las parejas deben decidir esta cuestión y lo que implica cada una de las modalidades. En la mayor parte de las comunidades, si no se especifica lo contrario, se aplica el régimen de gananciales. La separación de bienes conlleva presentar una escritura pública de capitulaciones matrimoniales ante notario. También existe un tercer régimen denominado de participación, pero es muy poco habitual.

  • Gananciales. En la sociedad de gananciales: "se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos, " a partir del momento de contraer matrimonio, según el artículo 1344 del Código Civil de España, y para disponer de los bienes gananciales, se requiere el consentimiento del otro cónyuge. No obstante, también se cuenta con bienes privativos, como los bienes que cada uno tuviera antes del matrimonio o los que obtenga después de forma gratuita (por herencia o donación), entre otros.

  • Separación de bienes. Cada cónyuge conserva la propiedad y administración de sus bienes, tanto los adquiridos antes del matrimonio, como los adquiridos durante el mismo.

  • Régimen de participación. Únicamente puede pactarse este régimen en capitulaciones matrimoniales, antes o después de contraer matrimonio. Durante el matrimonio éste funciona como un régimen de separación de bienes, pero al disolverse cada cónyuge tendrá derecho a participar en las ganancias obtenidas por el otro durante el tiempo en que dicho régimen haya estado vigente.

Cuenta común o individual

Contar con una cuenta conjunta para gestionar los gastos comunes (recibos, hipoteca o alquiler, o actividades que se realicen juntos como un viaje) puede ser muy cómodo. Sin embargo, hay que decidir si es la única que se tiene y si todos los ingresos y gastos de la pareja se gestionan desde ahí o si, por el contrario, cada uno mantiene una cuenta individual con parte de sus ingresos y gastos y se comparten solo una parte de los mismos. También cabe la opción de mantener todo de manera individual y repartir los gastos como se considere.

Perfil ahorrador-inversor y planificación financiera

Además del nivel de gastos e ingresos recurrentes, también es útil conocer si la pareja cuenta con un objetivo de ahorro o por el contrario es más derrochador (algo que puede ocasionar disgustos en forma de números rojos). En caso de que se ahorre, consensuar una planificación financiera es lo más adecuado, así como definir el nivel de riesgo que la pareja puede asumir y los productos a través de los que canalizar dicho ahorro. No en vano, no es una cuestión baladí. El perfil de riesgo puede suponer una fuente de conflicto, ya que, en caso de que una de las partes decida invertir en activos de riesgo el patrimonio conjunto (sin estar de acuerdo el cónyuge) y se materialice el riesgo de pérdida, disminuirá el capital conjunto.

Tributación conjunta o separada

A grandes rasgos, la declaración conjunta es recomendable para los matrimonios en los que uno de los cónyuges no recibe ingresos o, si los recibe, son muy bajos. También resulta recomendable para las familias monoparentales, cuando los hijos no perciben rentas. Otra de las ventajas de la declaración conjunta es que permite compensar pérdidas con ganancias (siguiendo las pautas establecidas en la norma), de modo que las ganancias obtenidas por un cónyuge pueden compensarse con las pérdidas obtenidas por el otro cónyuge. Por el contrario, cuando los dos trabajan y ganan más del mínimo, suele resultar más beneficioso hacer la declaración individual.


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