La emergencia climática es uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el planeta y luchar contra ella es algo que implica a toda la sociedad, no solo a nivel individual o de las Administraciones Públicas, sino también del sector privado. No en vano, son muchas las empresas - especialmente las grandes compañías cotizadas - que han puesto en marcha políticas medioambientales destinadas, por ejemplo, a la reducción de la huella de carbono, entre otros objetivos.

¿Qué es la huella de carbono?

La huella de carbono es la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que produce la realización de una actividad. Cada vez que se utiliza un medio de transporte, se enciende la calefacción o se crean residuos, se generan gases de efecto invernadero (GEI), que se acumulan en la atmósfera y retienen parte del calor que emite la Tierra, aumentando la temperatura media del planeta, lo que se conoce como calentamiento global. La Organización de Naciones Unidas (ONU) estima que “las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando y actualmente son un 50 % superiores al nivel de 1990. Además, el calentamiento global está provocando cambios permanentes en el clima, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles si no se toman medidas urgentes ahora”.

Por este motivo, el cambio climático se ha convertido en un tema prioritario para las próximas décadas. De hecho, es el objetivo número 13 (“Acción por el Clima”), de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030. El Acuerdo de París, también firmado bajo las señales de la ONU, establece el objetivo de restringir el aumento mundial de las temperaturas a 2°C por encima de los niveles preindustriales, y esforzarse por reducir aún más este aumento a 1,5°C.

Para alcanzar este objetivo, una de las claves pasa por reducir la huella de carbono y su impacto en el medio ambiente. Y el sector financiero, como fuente principal de financiación de las empresas, está desempeñando un papel clave, tanto a través de la emisión de bonos verdes o la concesión de créditos vinculados con la transición energética y la sostenibilidad, como a través de las inversiones que realizan.

‘Descarbonización’ de las carteras de fondos

Dentro de la creciente tendencia de la Inversión Socialmente Responsable, la ‘descarbonización´ de las carteras está cada vez más presente. De hecho, en países como Francia es obligatorio que los fondos de inversión publiquen su huella de carbono, es decir, la cantidad de gases de efecto invernadero que se deriva de sus posiciones.

En este caso, las decisiones de los fondos no tienen un impacto directo en el medio ambiente (como puede ser un aumento de los gases), pero sí indirecto, ya que como grandes accionistas de empresas pueden presionar para modificar sus políticas medioambientales o simplemente no invertir en compañías con una elevada huella de carbono.

El Protocolo de GEI ha definido los estándares que las empresas deben seguir para elaborar informes sobre emisiones de gases de efecto invernadero, distribuidos en tres categorías:

  • Emisiones directas producidas por las instalaciones de la empresa.
  • Emisiones indirectas relacionadas con el consumo energético de la empresa.
  • Otras emisiones indirectas, incluyendo las relacionadas con la utilización de productos.

Sin embargo, es habitual que, en términos absolutos, los grandes fondos de inversión suelan tener métricas más elevadas que las de las carteras más pequeñas. Por ello, para hacer que la comparación sea más adecuada, se intentan ‘relativizar las cifras absolutas a través de tres enfoques, según explica el informe GPIF Climate Related Portfolio Risk Assessment, elaborado por Standard & Poors.

  • Carbon to Revenue: Se dividen las toneladas de CO2 aportadas entre los beneficios generados.
  • Carbon to value invested: Se divide el CO2 emitido por el valor de las inversiones.
  • Weighted Average Carbon Intensity (WACI): La Intensidad media ponderada de carbono es la métrica más utilizada y evalúa cuántas toneladas de CO2 tiene que emitir una empresa para generar un millón de dólares.

Los inversores cada vez están más concienciados de la necesidad de luchar contra el cambio climático, también desde sus carteras de fondos. Además, la huella de carbono irá cogiendo más relevancia a la hora de seleccionar en qué inviertes.

Fuente: Climate Action Tracker