El contexto actual, caracterizado por una elevada inflación y una desaceleración del crecimiento, hace que algunos inversores se pregunten dónde se pueden encontrar oportunidades de inversión. Si se tiene un enfoque a largo plazo y el perfil de riesgo lo permite, las denominadas temáticas de inversión pueden ser una opción a considerar.

La inversión temática se centra en “predecir las tendencias a largo plazo, lo que permite a los inversores acceder a cambios estructurales que pueden revolucionar todo un sector”, explican desde Blackrock1. Asimismo, según CPR AM2, trata de “ofrecer soluciones de inversión sólidas y resistentes sean cuales sean las condiciones y acontecimientos económicos. En un contexto de turbulencias del mercado, la inversión temática destaca como una alternativa a los riesgos cíclicos”, señalan.

Una de las opciones para acceder a dichas tendencias es invertir en fondos de inversión temáticos. “Los fondos temáticos se centran en tendencias globales que están cambiando el mundo y creando una gran cantidad de oportunidades de inversión”, detallan en Schroders3. Cabe aclarar, además, que los fondos temáticos no son fondos sectoriales tradicionales, sino que la composición de su cartera va más allá de los límites habituales, como un sector o una zona geográfica, e intentan invertir en las megatendencias que capturarán a los catalizadores del futuro.

¿Qué tendencias cuentan con potencial?

Aunque el abanico de soluciones de inversión existente en el mercado es muy amplio, se podrían agrupar en dos grandes bloques: tendencias que se beneficien de los cambios socioeconómicos y las que capturan los retos de sostenibilidad estructurales.

Entre ellas encontramos, por ejemplo, temáticas como la transición energética. Hacer frente al cambio climático y limitar el calentamiento global a 2 ºC respecto a los niveles preindustriales implica pasar de un sistema energético basado en combustibles fósiles a uno de bajas emisiones. Para ello, se requerirá una gran cantidad de inversión en todo el sistema,4.

Y es que no solo habrá que reemplazar los combustibles fósiles, también será necesario la creación de infraestructuras que lo hagan posible, así como acometer inversiones en las redes de transmisión y distribución y mejorar la eficiencia de todo el sistema, algo que implica una elevada inversión en tecnología5. Todo ello hace que la transición energética presente una oportunidad a largo plazo6.

Además de las nuevas energías, en el contexto actual también hay que considerar las materias primas y los recursos naturales que, en algunos casos, suelen estar considerados como un activo refugio en momentos de incertidumbre y actuar como diversificadores para las carteras. Por ejemplo, “los metales preciosos, como el oro o la plata, pueden proporcionar una cobertura en una posible recesión económica y/o del mercado, así como durante períodos sostenidos de aumento de la inflación”, destacan en Morgan Stanley7.

Pero esta temática también incluye otros recursos naturales menos habituales a la hora de invertir, como la madera, que puede resultar una herramienta para luchar contra el cambio climático. “La madera no solo es un medio económicamente eficiente de reducir las emisiones de carbono, sino que también puede recuperar la biodiversidad y mejorar la calidad del suelo”, subrayan desde Pictet8. Con la tecnología adecuada, las propiedades de almacenamiento de carbono de la madera se pueden aprovechar en una amplia gama de actividades cotidianas como la construcción, la fabricación textil o el envasado de alimentos. Esto tiene importantes implicaciones para los inversores, ya que la tecnología ha convertido la madera en un sector dinámico y de rápido crecimiento que abarca no solo el cartón, el papel y la pulpa, sino también la ropa, los envases, la higiene personal y los bienes inmuebles, detallan desde la gestora.

Y es que, la tecnología y la innovación son otra de las grandes temáticas, al ser necesarias tanto para abordar los grandes desafíos a los que se enfrentan las sociedades (como el envejecimiento de la población o la anteriormente mencionada transición energética), como para ofrecer nuevas soluciones en nuestra vida de diaria (soluciones de pago, streaming, big data, inteligencia artificial, etc.). Este telón de fondo ha creado un terreno fértil para la innovación disruptiva y la inversión temática9. No en vano, este tipo de tecnologías disruptivas se están aplicando a diversos ámbitos como la biotecnología, el ámbito sanitario, el comercio electrónico o la robótica.

Así, en el escenario actual, incorporar a las carteras el potencial a largo plazo que presentan estas temáticas, entre otras, podría añadir una fuente de alfa adicional y contribuir a la diversificación de las mismas10.

Publicado el 3 de noviembre de 2022

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