La gestión pasiva, y más concretamente, los productos cotizados cada vez son más populares en las carteras de los inversores. Sin embargo, la variedad existente y el hecho de que tengan siglas parecidas para denominarlos hacen que se puedan tener algunas dudas entre las diferentes tipologías de productos.

Los productos cotizados o ETPs (Exchange Traded Products) son vehículos que replican valores subyacentes, como un índice u otros instrumentos financieros, y que se negocian en la bolsa de forma similar a las acciones, lo que significa que sus precios pueden fluctuar durante el día.

Su origen se remonta a comienzos de la década de los 90, cuando se negoció el primer ETF (Exchange Traded Fund) en Estados Unidos, con el lanzamiento del SPDR S&P 500 en 1993. Y desde entonces, han ido ganando popularidad entre los inversores debido a algunas de sus características principales:

  • Negociación continua. Como hemos mencionado anteriormente, cotizan de forma similar a una acción, lo que permite comprar y vender durante toda la sesión bursátil.
  • Mercados regulados. Dicha cotización se lleva a cabo en un mercado organizado y regulado.
  • Sencillez operativa. Dado que pueden replicar el comportamiento de un índice, una cesta de valores, una divisa o una materia prima, entre otros, ofrecen exposición a un subyacente de manera relativamente sencilla y, en términos generales, con bajos costes.

Tipos de Exchange Traded Products o productos cotizados

Precisamente impulsados por estas características a lo largo de los años, además de su presencia en las carteras, también se ha ido ampliando la tipología de productos cotizados:

ETF (Exchange Traded Fund)

Como ya hemos explicado en este blog, los ETFs son fondos cuya cartera replica un índice (de renta variable, renta fija, materias primas, etc.) y cotizan en bolsa. Es decir, si el índice replicado cambia su composición, la cartera del ETF tendrá que ser modificada para reflejar dicho cambio.

En función de cómo se realice la réplica del índice, los ETFs pueden ser:

  • De réplica física, adquiriendo todos los componentes del índice que se va a replicar.
  • De réplica sintética, donde la réplica se realiza a través de un derivado o swap, lo que conlleva que exista riesgo de contrapartida.

ETC (Exchange Traded Commodity)

Son vehículos de inversión que replican el comportamiento de una sola materia prima (oro, petróleo, soja, bitcoin...). Y esa es precisamente una de las principales diferencias con los ETFs, ya que mientras los fondos cotizados replican el comportamiento de una cesta de valores, el ETC lo hace de una sola materia prima. En concreto, cuando se invierte en un ETC se están comprando participaciones emitidas por una entidad por un valor vinculado al precio (y a la evolución) de una materia prima subyacente.

Según el tipo de réplica, también pueden ser:

  • De réplica física, cuando replican el valor de la materia prima subyacente y las participaciones están respaldadas por dicha materia prima físicamente (por ejemplo, lingotes de oro).
  • De réplica sintética, donde replican el precio de un derivado, incurriendo de nuevo en riesgo de contrapartida. Este tipo de réplica se suele utilizar para materias primas más difíciles de almacenar (como el petróleo), perecederas (como la soja), y también permite replicar el movimiento de activos intangibles, como las criptomonedas.

ETN (Exchange Traded Note)

Se trata de un instrumento de deuda senior subordinada emitida por una entidad financiera con el objetivo de replicar la evolución de un valor o un índice subyacente. Pero no es un fondo, (como los ETFs) sino que es una nota y no posee ninguno de los valores que replica. Su funcionamiento es similar al de un bono, en el sentido de que los inversores reciben la cantidad invertida inicialmente a vencimiento, pero sin cupones entre medias. En los ETNs, en caso de que se produzcan rendimientos positivos, estos se recibirán a vencimiento junto con el principal invertido. Así, dada la naturaleza de un ETN, además del riesgo derivado del mercado, ya que es un producto cotizado, hay que añadir el riesgo crediticio. Es decir, la posibilidad de que quiebre el emisor del ETN.

Así, aunque estos tres productos tengan características comunes, como la cotización en bolsa, son muy diferentes entre sí y conllevan distintos tipos de riesgo que conviene analizar cuidadosamente antes de invertir para que coincidan con el perfil de riesgo de cada inversor.


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