Las empresas son el motor de la economía e impactan en ella según su tamaño y rol en la sociedad. Evidentemente, las grandes compañías están llamadas a desempeñar un papel más destacado, pero, aunque pueda parecer lo contrario, las pymes y startups también son fundamentales. De hecho, estas últimas van a ser claves en la reconstrucción del tejido empresarial después de la crisis del coronavirus, que ha destruido muchos negocios y puestos de trabajo.

Las startups son empresas emergentes, de reciente creación, que normalmente cuentan con una base tecnológica, una idea innovadora y grandes posibilidades de crecimiento. Estos emprendedores (fundador o fundadores de la startup) se centran en un nicho de mercado que no está cubierto por otras empresas.

Su gran componente tecnológico les permite escalar su negocio y contar con una necesidad de financiación inferior a la de otras empresas. De hecho, la escalabilidad es una de las características más frecuentes de las startups, que no es otra cosa que la capacidad de adaptar un proceso o sistema manteniendo la calidad sin aumentar los costes para lograrlo. Es decir, un modelo de negocio escalable es el que permite adaptarse y continuar aumentando los ingresos sin elevar los costes.

Estos menores costes también vienen dados porque suelen ser empresas que no cuentan con muchos empleados y, además, a veces ni siquiera necesitan una oficina o espacio similar para desarrollar el trabajo, sino que suelen teletrabajar.

¿Cómo se financian?

Estas empresas obtienen la financiación que necesitan de inversores privados o bussines angels, que aportan capital (y a veces también asesoramiento o algún tipo de valor añadido) a proyectos de emprendimiento que consideran que cuentan con posibilidades de crecimiento. Normalmente, el dinero aportado por estos inversores privados es inferior al que invierten, por ejemplo. Otra de las principales fuentes de financiación son, por ejemplo,los fondos de capital riesgo, ya sea a través de los fondos de venture capital o capital semilla, que invierte en la fase inicial de las empresas, o del private equity, que por lo general apuestan por proyectos en una etapa un poco más avanzada.

También existen lo que en el sector se conoce como incubadoras de startups, que ayudan a los emprendedores en la fase inicial de creación, y aceleradoras de startups, que intentan ayudarlas a crecer más rápidamente una vez que ya han sido fundadas. Habitualmente, además de financiación también incluyen asesoramiento, mentoring o incluso contactos para penetrar en el sector en el que operan.

Por último, estas empresas también pueden acceder a las subvenciones públicas o créditos destinados a emprendimiento que existan en ese momento, o recurrir a acciones de crowfunding o micromecenazgo (red de financiación colectiva), que cada vez es más habitual.

Pequeños comienzos de historias de éxito

Facebook, Google o Amanzon son compañías de éxito que conoce todo el mundo y que comenzaron siendo startups. Estos ejemplos han animado a multitud de emprendedores a iniciar su aventura empresarial con la esperanza de imitar el ejemplo de estos colosos del sector tecnológico. Tras la crisis de la COVID-19, estas iniciativas son más necesarias que nunca para reflotar el tejido económico y empresarial y porque los cambios de hábitos motivados por la pandemia hacen más necesarias que nunca las compañías disruptivas, que se adapten rápidamente a las transformaciones de la sociedad y satisfagan las nuevas demandas de los consumidores.