Aunque a priori pueda sonar un tanto extraño, tu salud financiera y la mental y física están estrechamente relacionadas. Las noches en vela dando vueltas a la cabeza o las horas echando cuentas y pensando cómo hacer frente a un pago son escenas comunes para muchas personas y que, sin duda, provocan un estrés que repercute en la salud mental y física. Y todo por no cuidar de forma adecuada nuestra salud financiera.

Esta vinculación ha sido respaldada por diversos estudios, como el elaborado por la aseguradora Cigna llamado 2019 cigna 360 Well-Being Survey, que, tras realizar una encuesta en 23 países (entre ellos España) a personas de entre 35 y 49 años, situó las cuestiones financieras entre las principales causas de estrés en las personas, junto con las preocupaciones laborales o familiares.

Otro ejemplo es el estudio elaborado por Open Evidence, que señala que la pandemia de la COVID-19 ha aumentado las preocupaciones financieras de los españoles, aunque es obvio que quienes disponen de una posición financiera holgada están menos expuestos a las consecuencias psicológicas:

“Tener un ingreso relativamente alto, ser propietario de una casa sin hipoteca que pagar, tener una gran superficie habitable y tener unas reservas financieras suficientes (poder pagar facturas durante seis o más meses sin tener ingresos o incluso con menores ganancias) disminuyen los riesgos para la salud mental”

Cómo tener en orden las finanzas

Queda claro, por tanto, que nuestras finanzas son algo clave para nuestra salud mental y conviene tenerlas en orden. Como ya hemos comentado en anteriores artículos, realizar una correcta planificación financiera es fundamental para poder hacer frente a los gastos habituales y a los posibles imprevistos que puedan surgir, así como a potenciales cambios en la situación laboral, como puede ser perder el empleo.

Algunas de las claves para alcanzar la ansiada tranquilidad financiera pasan por calcular los gastos recurrentes (vivienda, recibos, impuestos…) y restarlos a los ingresos para ver cuánto dinero ‘sobrante’ tenemos. Con ese importe, lo idóneo es reservar una parte para que cuando se produzcan situaciones imprevistas haya un remanente con el que hacerles frente y, por supuesto, otra cantidad para caprichos, ocio, etc., que también es necesario para nuestra salud mental.

Es cierto que esta tarea, que a priori puede resultar sencilla, puede no serlo tanto en la realidad. Pero para ello contamos con diversas herramientas que las entidades financieras ponen a disposición de sus clientes que nos pueden ayudar. Una de ella son los categorizadores de gastos, un servicio que ordena los gastos por categorías y te permite conocer a qué se destina el dinero para poder gestionar las finanzas de una forma más eficiente.

Otra herramienta que puede ser de gran utilidad son los agregadores financieros, que aglutinan toda la información financiera, aunque las cuentas o productos estén contratados en diferentes entidades. De esta forma, es más fácil tener una visión global de nuestra posición financiera sin tener que estar haciendo cuentas individualmente.

Por tanto, independientemente de la herramienta que se utilice para lograrlo o si se recurre a un asesor, lo importante es contar con la mayor estabilidad y salud financiera posible, que nos permitirá dormir tranquilos y nos aportará beneficios mentales y físicos.