La crisis causada por la propagación del coronavirus ha provocado caídas significativas de los mercados y muchos expertos aseguran que probablemente la volatilidad esté presente en las bolsas durante un tiempo, pero ¿qué significa que los inversores tendrán que enfrentarse a unos mercados volátiles?

Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el término volatilidad se utiliza para describir “la inestabilidad de los precios en los mercados financieros”. Es decir, que se utiliza para ‘medir’ las fluctuaciones de los precios de los activos al alza o la baja y, por consiguiente, su volatilidad frente a su media histórica en un determinado periodo de tiempo. Para calcular la volatilidad, los expertos utilizan una medida estadística denominada desviación típica, que les permite obtener la volatilidad de una inversión en porcentaje.

Riesgo de cada inversión

Habitualmente, la volatilidad es uno de los criterios que se suele utilizar para medir el riesgo de una inversión, aunque no es exactamente lo mismo pese a que a veces se utilice de forma errónea como sinónimo- es solo una aproximación o un aspecto más a tener en cuenta. No obstante, cuando una inversión es más volátil se suele decir que se asume un mayor riesgo, ya que es más difícil predecir la evolución del activo en cuestión, y viceversa. Es, por tanto, una característica fundamental que se debe tener muy en cuenta a la hora de realizar una inversión, ya que debe adecuarse a nuestro perfil de riesgo, o lo que es lo mismo, a nuestra capacidad o tolerancia para soportar potenciales pérdidas financieras.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la volatilidad histórica mide el comportamiento pasado, no el futuro, y que un activo haya tenido un comportamiento volátil en un momento determinado (como el motivado por la crisis) no implica necesariamente que lo vaya a tener más adelante. Para medir la volatilidad futura se utiliza la denominada volatilidad implícita, que revela las expectativas que tienen los inversores sobre un activo, es decir, la certeza o incertidumbre del mercado sobre el precio de un activo.

Por regla general, la renta variable suele ser más volátil que la renta fija, pero el mercado de deuda también puede experimentar un comportamiento volátil, especialmente durante las crisis muy significativas, como la provocada por el coronavirus o la que se experimentó en 2008.

Uno de los índices más conocidos y que mide la volatilidad del índice S&P 500 (EE.UU.) es el VIX (popularmente denominado ‘índice del miedo’), que mide las opciones del mercado americano. Suele interpretarse como una medida del sentimiento del mercado: cuando está muy bajo, pone de relieve la confianza del mercado, mientras que cuando está muy alto, refleja el pesimismo de los inversores.

Factores desencadenantes de la volatilidad en los mercados

Existen diversos factores que pueden desencadenar volatilidad en los mercados (especialmente en bolsa), aunque hay sectores que por sus propias características son más volátiles que otros. Entre ellos se encuentran los factores geopolíticos, los macroeconómicos, las políticas monetarias o los resultados empresariales, entre otros. Predecir estos factores no suele ser fácil, por lo que las inversiones pueden sufrir oscilaciones que en principio no se esperaban.

Para paliar los potenciales descensos que se pudieran producir ayuda tener un horizonte temporal a largo plazo, ya que el tiempo permite compensar caídas puntuales de los precios. No obstante, estas bajadas de precio también pueden aprovecharse para invertir en un determinado activo si se considera que cuenta con potencial alcista, es decir, que se va a revalorizar. Es lo que habitualmente se conoce como comprar barato.