Los mercados de capitales son claves para garantizar el buen funcionamiento de la economía. Y en este caso lo son tanto el primario como el secundario, ya que, aunque por el nombre pudiera parece que el primario es más importante que el mercado secundario, probablemente uno no existiría sin el otro.

El mercado secundario es donde se compran o venden los activos financieros que previamente se han emitido o han salido a cotización en el mercado primario. Por ejemplo, una emisión de bonos del Tesoro a cinco 5 años puede venderse en el mercado secundario antes del vencimiento. Si este mercado no existiera, habría que conservar dichos bonos durante los cinco años.

Lo mismo sucede con las acciones. Cuando una empresa sale a bolsa, se pueden adquirir sus acciones, pero pueden comprarse o venderse posteriormente en el mercado (secundario) en el que estén cotizando. Es decir, si lo trasladáramos a la vida diaria, el mercado secundario sería una suerte de mercado de segunda mano.

Liquidez para los activos

En el mercado secundario, el precio de compraventa viene determinado por la oferta y la demanda y no tiene por qué coincidir con el del mercado primario. Además, la negociación se realiza en tiempo real, proporcionando liquidez a los activos financieros. Este es uno de los aspectos que convierte en clave al mercado secundario, ya que muy probablemente muy pocos invertirían en una emisión de deuda o comprarían acciones si tuvieran que mantenerlas hasta su vencimiento o toda la vida, respectivamente.

Tipos de mercados secundarios

Los mercados de valores pueden ser:

1. Organizados: son mercados regulados, transparentes y en los que las transacciones se realizan a través de una cámara de compensación.

2. No organizados u OTC (over the counter): son mercados no regulados, donde las garantías son mucho menores o inexistentes, se permite el apalancamiento en las operaciones y las transacciones pueden no ser transparentes. En los últimos años, han ganado más protagonismo.

Estructura del mercado de valores español

Los mercados regulados españoles reciben la denominación de “mercados secundarios oficiales” y están gestionados por Bolsas y Mercados Españoles. Se consideran los siguientes:

Bolsas de valores: Hay cuatro: Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao. Las transacciones están totalmente reguladas. La negociación bursátil tiene varios segmentos diferentes según el nivel de liquidez de las acciones (tamaño de la empresa y frecuencia de negociación). El “mercado continuo” es el segmento más líquido, la negociación es electrónica y está centralizada para órdenes introducidas en cualquiera de las cuatro bolsas españolas.

Además de acciones, se negocian warrants, certificados y ETFs (o fondos cotizados). En algunos de sus segmentos, el mercado cuenta con especialistas que proveen liquidez.

Renta Fija: Se realiza a través de la Asociación de Intermediarios de Activos Financieros (AIAF). A través de este mercado suelen operar, fundamentalmente, inversores institucionales, como fondos de inversión o de pensiones, compañías de seguros o bancos. Admite a negociación deuda pública estatal, autonómica y local, así como deuda privada.

Derivados: se realiza a través del Mercado Oficial de Futuros y Opciones Financieras (MEFF) en España. En él se negocian diferentes derivados financieros cuyos subyacentes están referenciados a acciones individuales, al Ibex 35 y a diferentes índices bursátiles europeos.

El mercado secundario es, por tanto, esencial para el funcionamiento de la economía. Al menos, tanto como lo es el primario. Como reza el dicho, “si no existiera, habría que inventarlo”, porque probablemente nadie se decidiría a invertir si no pudiera desprenderse de sus activos, o lo que es lo mismo, hacerlos líquidos en el mercado secundario y recuperar su dinero (ya sea con pérdidas o beneficios).


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