A la hora de elegir un fondo de inversión de gestión activa hay muchos ratios que analizar, pero existen dos que son básicos y que no se deben perder de vista: el Alfa y la Beta. Denominadas con las primeras letras del alfabeto griego, denotan su relevancia para los fondos.

¿Qué es el Alfa?

A grandes rasgos, se suele de decir, que el Alfa es la diferencia de rentabilidad entre el fondo (gestionado activamente) y su índice de referencia. Es decir, si un fondo ha obtenido una rentabilidad del 7 % a un año y su benchmark ha registrado un rendimiento del 5 % en el mismo periodo, el alfa del fondo será del 2 %.

Por el contrario, esta cifra también puede ser negativa y que el fondo obtenga una rentabilidad inferior a la del índice de referencia. Así, este ratio se suele utilizar también para medir el valor añadido de la gestión al fondo de inversión. Si el Alfa del fondo es positiva, se suele decir que ha batido al índice y, por tanto, el gestor ha aportado valor al construir la cartera del fondo. Si, por el contrario, el alfa es negativa, el gestor lo habrá hecho peor que el benchmark.

Esto se debe a que, en los fondos de gestión activa, los gestores pueden utilizar un índice de referencia, pero tienen libertad a la hora de construir la cartera del fondo y, por tanto, su composición final varía en mayor o menor medida aportando esa rentabilidad extra (o ese rendimiento menor), es decir, el Alfa.

¿Qué es la Beta?

La Beta es la sensibilidad de un fondo con respecto a los movimientos de su mercado de referencia, es decir, si la referencia es el EURO STOXX 50, la beta medirá el comportamiento del fondo respecto a ese índice. Así, una Beta igual a 1 significa que el fondo se moverá en línea con el mercado, como suele suceder con los fondos indexados. Una Beta mayor que 1 significa que el fondo es "bastante" sensible a los movimientos del mercado. Por el contrario, un fondo con una beta menor que 1 es "poco" sensible al mercado.

A través de la Beta se obtiene una referencia de cómo se ha comportado el fondo históricamente respecto al mercado y mostrando el riesgo que asume en relación a su índice de referencia.

¿Qué nos indica el Alfa de Jensen?

El Alfa de Jensen es el ratio que combina las variables descritas anteriormente. Mide la habilidad de un gestor para obtener rentabilidades por encima del índice de referencia ajustada al riesgo. Se diseñó precisamente para ofrecer un criterio de comparación para las carteras con diferentes niveles de exposición al riesgo. Así, si el retorno de un activo es superior a la rentabilidad ajustada al riesgo, conseguiremos un Alfa de Jensen positivo. Y esto es precisamente lo que buscan los inversores, fondos de inversión con un Alfa de Jensen positivo.

Por tanto, estos ratios son 3 indicadores que conviene analizar detalladamente antes de invertir en un fondo de inversión. No obstante, existen otros indicadores, como por ejemplo el Ratio de Sharpe, a tener en cuenta y, por supuesto, las circunstancias personales de cada inversor (perfil de riesgo, horizonte temporal, etc.).