Los préstamos hipotecarios son uno de los productos financieros más conocidos, ya que en la mayoría de los casos son la única opción para adquirir una vivienda. Normalmente, estos préstamos suelen ser de larga duración, por lo que, a lo largo de su periodo de vigencia las circunstancias personales de los solicitantes y la coyuntura económica, pueden variar. Ante esta tesitura, es posible que se quieran mejorar las condiciones del mismo. Pero, ¿cómo se puede llevar a cabo? Hay varias posibilidades:

Cambiar la hipoteca de banco porque nos ofrece mejores condiciones

En este caso, tenemos nuevamente dos opciones, en las que para elegir una u otra será necesario echar cuentas y ver cuál nos compensa más económicamente.

a) Subrogación de la hipoteca. En este caso el nuevo banco que hayamos elegido subrogaría el préstamo que tenemos con la entidad anterior y además de cambiar el acreedor (el banco), se pueden mejorar algunas condiciones, como pueden ser el tipo de interés o el periodo de amortización de la hipoteca. Con esta opción habría que abonar la comisión por subrogación si se contempla en las condiciones del préstamo inicial.

b) Cancelar la hipoteca y firmar una nueva. Con esta vía, se cancela (amortiza) el préstamo con la entidad que se tiene y se constituye otra hipoteca con el banco que nos ofrece mejores condiciones. En este sentido, conviene apuntar que, con la actual Ley de Contratos de Crédito Inmobiliario, los gastos de gestoría, notaría y registro de la hipoteca los asume el banco con el que se va a constituir el préstamo. Con esta opción, los gastos que debes tener en cuenta para calcular qué opción conviene más son los gastos de cancelación de la hipoteca anterior, que en Openbank puedes financiar junto con el importe de la hipoteca para que puedas notar el ahorro desde el principio, y los de la nueva tasación que se necesiten . De los gastos de cancelación también deberás asumir la comisión de cancelación del préstamo hipotecario, en su caso.

Mejorar las condiciones de la hipoteca, pero no cambiar de entidad.

Esto se puede realizar a través de lo que se denomina novación. Mediante esta fórmula se pueden renegociar algunas de las condiciones del préstamo, como pueden ser -entre otras- algunas de estas:

a) El tipo de interés. Por ejemplo, en caso de que los tipos hayan bajado respecto al momento de la firma de la hipoteca y se quiera obtener un mejor tipo de interés.

b) El plazo de amortización. Es posible tanto ampliarlo como reducirlo. En el primer caso, se conseguiría pagar una cuota más pequeña durante más tiempo, mientras que, en el segundo sería al contrario.

c) La cuantía del préstamo. Es lo que comúnmente se conoce como ampliación de la hipoteca.

d) El titular de la hipoteca. Es posible modificar el titular de la hipoteca si fuese necesario, por ejemplo, en caso de un divorcio u otra causa por la que sea necesario.

No obstante, estas modificaciones conllevan una serie de gastos aparejados, por lo que nuevamente será necesario calcular qué opción conviene más. En esta modalidad, además de la comisión por novación, los costes varían en función de lo que se va a cambiar, ya que podría ser necesario, por ejemplo, tener que hacer una nueva tasación o cambios en el registro de la propiedad, y en estas situaciones los gastos los asume el cliente. Además, es importante conocer que la entidad puede incrementar el tipo de interés al realizar la novación.

Así, la ley y las entidades contemplan diversas opciones para poder cambiar de hipoteca o ‘actualizar’ las condiciones de la que ya se tiene y adaptarla mejor a la nueva coyuntura de mercado o a nuestras circunstancias personales. Como hemos comentado anteriormente, la opción idónea será aquella que satisfaga nuestras necesidades y/o nos resulte económicamente más favorable, dependiendo de las condiciones que contemple el préstamo que ya tenemos y de las nuevas que nos ofrezcan.