El objetivo por el que ahorran las personas difiere notablemente de un caso a otro. Los fines más habituales suelen ser contar con un fondo de emergencia, que les permita hacer frente a un imprevisto, o adquirir un bien concreto. Sin embargo, hay veces que también se ahorra sin una meta determinada y, por tanto, se dispone de una cantidad de dinero que, en principio, no se va a necesitar a corto plazo. Es precisamente este último caso el más susceptible de encontrarse en las condiciones ideales para pasar de ahorrador a inversor, es decir, poner el dinero a trabajar para obtener rendimientos y que no pierda valor con el paso del tiempo. Pero, en ocasiones, este cambio no se materializa por desconocimiento sobre cómo dar ese paso o de los factores que se deberían considerar.

De ahorrador a inversor. ¿Cómo puedes saber si eres un potencial inversor?

Como se ha mencionado anteriormente, lo primero que un potencial inversor debe valorar antes de invertir es si va a necesitar el dinero a corto plazo. Y no porque no vaya a poder rescatar o reembolsar parte de su dinero de los productos de inversión dependiendo del tipo de producto, sino porque para conseguir el máximo rendimiento de las inversiones es recomendable que permanezca invertido a largo plazo (a partir de 5 años). Si la respuesta a esta pregunta es “no”, debería plantearse las siguientes cuestiones:

• ¿Cuál es tu perfil de riesgo?
• ¿Qué objetivo de rentabilidad te quieres marcar?
• ¿En cuánto tiempo?

El nivel de riesgo es una de las principales diferencias entre los productos de ahorro, como los depósitos o las cuentas remuneradas, y los de inversión, ya que en estos últimos suele ser más elevado. A cambio, por regla general, también ofrecen retornos más altos que pretenden compensar el mayor nivel de riesgo que se asume. De hecho, normalmente, cuanto mayor es el riesgo, mayor es la rentabilidad potencial de la inversión y, por este mismo motivo, los productos de ahorro ofrecen rendimientos que suelen ser inferiores. Una circunstancia que, además, se ha visto acentuada por el contexto actual de bajos tipos de interés, que dificulta obtener rendimientos significativos sin asumir algo de riesgo.

Amplia gama de productos de inversión

Cada persona debe pensar, por tanto, qué nivel de riesgo está dispuesto a asumir para alcanzar los objetivos deseados. No obstante, en el mercado existen productos de inversión para todos los perfiles que invierten en los diferentes activos que existen. Y es que una parte del riesgo viene derivado del activo en el que invierte el producto. Es decir, en teoría, si invierte en deuda emitida por Gobiernos de países desarrollados con un elevado nivel de solvencia, debería entrañar menos riesgo que invertir en bolsa, por ejemplo.

Por último, aunque no menos importante, para pasar de ahorrador a inversor hay que elegir el producto idóneo, que aúne todos los factores anteriores. Es decir, que sea adecuado para el perfil de riesgo, tanto en lo que respecta a la tipología del producto (fondos de inversión, plan de pensiones, etc.) como el activo en el que invierte, que se adapte al horizonte temporal o plazo deseado para la inversión, y que se ajuste al momento vital. A lo largo de la vida cambian las circunstancias y los objetivos de cada persona y hay que tener en cuenta estos aspectos e ir adaptando las inversiones en consonancia.

Una vez elegido el producto y antes de formalizar la contratación, queda por decidir el importe que se va a invertir. Si se dispone de una cantidad significativa es aconsejable seguir una de las máximas de la inversión: la diversificación, o lo que es lo mismo, invertir en diferentes productos de modo que se reduzcan las posibilidades de perder la totalidad del capital invertido. En resumen, es aconsejable seguir el dicho anglosajón de no poner todos los huevos en la misma cesta.

Fuente: CNMV

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